“Que prueben el despojo de las Farc”: A. Molano

¿Entonces eso sería algo muy distinto a lo que sucedió con los paramilitares en el norte del país?
“Es completamente distinto. Eso sí fue despojo. Ahora, yo no dudo de que en las zonas de colonización, fincas hayan sido abandonadas por ganaderos o por los propietarios grandes, por miedo a las Farc, pero que hayan despojado tierras, eso no es cierto, ese despojo yo, por lo menos, no lo conozco, sería muy interesante que lo probaran”.


Alfredo Molano trae el periódico El Colombiano en la mano. Nos vemos en el hotel en el que se alojaba el jueves en Medellín. Son la 7 de la mañana y viste bluyín, camisa blanca de puños abiertos, chaleco azul y unos tenis azules de tela. Su mirada es la de las fotografías: escrutadora y, también, triste.

Sabe que vamos a hablar del proceso de paz y de su reunión con los comandantes de las Farc en La Habana, pero, apenas nos sentamos —después de que él pide un café—, me pregunta que qué es el túnel verde del que tanto se habla en Medellín. Entonces le explico que es un recorrido de árboles que se doblan en sus copas, juntándose, sobre una calle principal de Envigado. Y que esos árboles los quieren cortar para que pase el Metroplús. Primero la autoridad se quiso imponer, pero la protesta era en serio y ahora espera a conciliar.

—Qué joda, mano —me dice con su acento entre rolo y tolimense—, pero eso está muy bien. En San Martín —Meta— en los años 60, cuando iban a hacer la vía de Villavicencio a Granada, había un cultivo de palma, y para meter la carretera dieron la vuelta, para no tocar esos cultivos que eran de una familia muy rica. A eso le llamaron la curva del millón por la propina que les dieron a los ingenieros. Aquí puede pasar lo mismo, si hacen presión.

Molano lleva tanto tiempo activo, escribiendo del país, hablando con las guerrillas, denunciando a los paramilitares, defendiendo a los campesinos, cuestionando a los gobiernos. Todo eso con su voz cavernosa, cansada.

¿Cómo le fue con las Farc en La Habana? ¿Cómo vio a los plenipotenciarios?
“Yo los vi decididos pero cautelosos. Los sentí que van pa’delante, como se dice. Lo que es cierto es que ellos no van a negociar por lo bajo, van a negociar lo mejor que puedan, como es explicable en toda negociación. Y espere, sinceramente, digo yo, llegar a un acuerdo, pero tampoco aceptar una rendición sin ninguna exigencia. Es que son comandantes que tienen 30 años, por lo menos, de guerra, son profesionales la mayoría, que es la diferencia con el Caguán, con ‘Marulanda’ y ‘el Mono Jojoy’, que eran los agraristas. Esta gente ha sacrificado más”.

Pero se ha dicho que no hay unidad en las Farc…
“Yo creo lo contrario. Hay más homogeneidad en la mesa, entre otras cosas porque hay una bandera histórica que es la de los agraristas. Pero la mirada de estos comandantes es más política, tienen elementos urbanos de mayor significación”.

Se firmó el tema de tierras y se dijo que era el más difícil, ¿usted qué cree?
“Francamente lo dudo. Creo que era el punto más fácil. Se me hace mucho más complicado este que están abordando ahora, el de la participación, sobre todo por las garantías. Se me hace muy delicado, de mayor trascendencia y más difícil de negociar. Hoy en día la cuestión está planteada sobre la propuesta de las Farc de una Asamblea Nacional Constituyente, y eso tiene sus peros. Usted tiene razón en que no ha sido muy trascendental la publicación del primer punto, pero es que es válido porque es un punto marco, es un avance de lo que ya está avanzado en el acuerdo. Del marco general, como en los pasajes de avión, hay letra menuda, hay acuerdos mucho más concretos que están en el congelador. Cuando yo estuve allá, era una pieza con doce páginas ya escritas, acordadas, que ellos meten en la nevera. Ahora, ellos hablan de que en la Constituyente sean definidos esos acuerdos de letra menuda”.

¿Cree que va a haber un cambio de fondo?
“Yo no creo que sea un cambio muy profundo, sobre todo por la aspiración de ellos a un nuevo Estado, con mucho mayor poder popular. Una estructura completamente nueva, me parece difícil. Pero hay cosas que no me parecen tan complicadas, en este punto de participación, por ejemplo la elección de Procurador, Defensor, son cosas elementales, eso no necesita una reforma constitucional, son temas de alcance limitado. Pero no creo que salga de ahí un cambio radical ni una Colombia bolivariana ni socialista. Ellos seguirán con esas tesis, la idea es que salgan a pelearlas en lo político, pero creo que la fuerza política y militar que tienen no les da para un cambio político”.

¿Cuál es el papel que juegan las Zonas de Reserva Campesina en todo esto?
“Creo que juegan dos papeles fundamentales. Uno, en el primer punto, en la cuestión agraria, porque cualquier distribución o redistribución de la tierra, sino se asegura en una zona de reserva que impida la concretización de la tierra, es más o menos inútil. Es decir, después de 15 o 20 años de haber distribuido la tierra, lo que ha pasado con tierras de reforma agraria del Incora, por ejemplo, tierras de colonización dirigida, es que han regresado a manos de los cuatro o cinco grandes inversionistas o terratenientes. Es necesario proteger esa distribución con una figura como la de las Zonas de Reserva Campesinas.

Lo segundo es político, porque la idea de una redistribución de la tierra o de un acceso de los campesinos, tiene, según ellos, y se me hace válido, un enfoque territorial. Eso quiere decir que no les den las peores tierras, no las tierras marginales ni yermas, sino un reordenamiento territorial en el país, cosa que la Constitución del 91 abrió pero que no se ha logrado. Eso significa una zonificación del país diferente a la electoral, que es rígida; o a la militar, que existe; o a la eclesiástica, que tiene criterios ambientales, sociales políticos; ellos aspiran a que haya una redefinición de la organización territorial y eso implica, a mi manera de ver, que las zonas de reserva campesina accedan a una circunscripción electoral distinta, como un municipio. Eso es autonomía para definir temas de desarrollo y acceder al poder, por lo tanto tiene significado de participación política”.

De este tema de tierras, José Félix Lafaurie y Fedegán salieron a protestar, ¿tienen algo que temer?
“Por negociar con los terroristas… Hombre, los campesinos son tierraristas, no terroristas. Qué hay que temer ahí, que tengan acceso a la tierra, la tierra que les han quitado, que tengan acceso a los baldíos. Muchas de esas contradicciones de la tendencia histórica del latifundio colombiano, que simplemente es a despojar a los campesinos y a desconocer sus derechos laborales, naturalmente, eso incomodará al señor Lafaurie que está en plan de candidatura presidencial y que está utilizando a Fedegán como un trampolín. Ahora, la relación de Fedegán con el paramilitarismo ha sido sospechosa y además hay evidencias judiciales fundadas, así que naturalmente esa organización se opone a cualquier arreglo. Pero el gremio ganadero está dividido, hay un sector democrático que está siendo afectado por el TLC y que piensa distinto a un terrateniente”.

¿En la participación política qué papel juega Marcha Patriótica?
“Pues llámese Marcha Patriótica o unión Patriótica o Partido Bolivariano, cualquier nombre que le dé. Naturalmente que hay un sector político organizado: Partido Comunista, sectores progresistas, gente de la izquierda tradicional que están interesados en que se legalice, digamos, el poder militar que tienen las Farc. Es decir, que transiten hacia lo electoral. Marcha y otros están ayudando a empujar esa perspectiva, y me parece válido, porque la idea es meter a esa gente en cintura democrática. Hacia futuro ese puede ser el germen del partido que sustituya las ametralladoras, las trincheras y las bombas”.

Ha habido mucho debate con el tema de la impunidad… ¿ellos qué dicen?
“Ellos hablan de dejación de las armas, no de rendición ni de entrega. Eso sigue siendo abstracto, ambiguo, gaseoso. Yo creo que se encontrará un sistema para abandonar progresivamente las armas a medida que las garantías de sobrevivencia física y política sean más sólidas. Lo dicho es que si ellos firman una Constituyente dejan las armas, porque ellos están en armas en contra de la Constitución. Pero a mí la perspectiva de una Constituyente me parece cada vez más difícil, no por la figura política, sino por el momento político. Ese 30 por ciento paramilitar del Congreso iría a la Asamblea Nacional Constituyente, y de golpe se pierde en la Asamblea lo que se gana en la mesa”.

El Gobierno ha dicho no a la Constituyente…
“Es posible que haya una prevención. Es que una Constituyente puede llegar a declararse soberana. Inclusive si el uribismo tiene una importancia en esa Asamblea podemos volver al tema de la reelección de Uribe y ahí si quedamos en el peor mundo posible. Hay miedo por parte del Gobierno y yo creo que hay otras soluciones que pueden ser más prácticas desde el punto de vista de los logros políticos de la negociación. A mí por ejemplo me atrae la idea de Navarro. Un plebiscito: sí o no. A la larga, puede haber posibilidades de que ese futuro partido se desarrolle tanto que permita la convocatoria de otra Asamblea Nacional Constituyente”.

¿Las Farc renunciarían a la constituyente?
“Las Farc son políticas. Esa vaina que nos han vendido de que son los monstruos de las bombas, no es tan así; es gente que tiene una aspiración política y están en plan de sacar adelante un proyecto político”.

Se ha dicho que las Farc han despojado tierra y que ocupan baldíos de la nación…
“Hay que mirar las cosas desde el otro lado. Los baldíos son muy pocos. Los que no tienen titulación, son un millón de hectáreas, eso no es nada. Pero hay muchas tierras que están en ocupación pero sin título, y que jurídicamente son baldíos. Es necesario entregar esos títulos. El cuento de que las Farc tengan grandes propiedades, a mí me parece, francamente, pura mierda. Es decir, me gustaría que lo probaran judicialmente. Usted no puede acusar al Partido Liberal porque gente de su corriente entró a las zonas de colonización, como sucedió en Granada, Meta, esas son acusaciones políticas infundadas. Que familiares de guerrilleros o guerrilleros mismos tengan tierras, ocupen tierras, no que tengan título, eso es otra cosa distinta, seguramente sí tienen ocupación. Ahora, que las Farc tengan fincas de donde sacan dinero para comprar armas o uniformes, eso, por lo menos, es una figura diferente a la del secuestro o la coca”.

¿Entonces eso sería algo muy distinto a lo que sucedió con los paramilitares en el norte del país?
“Es completamente distinto. Eso sí fue despojo. Ahora, yo no dudo de que en las zonas de colonización, fincas hayan sido abandonadas por ganaderos o por los propietarios grandes, por miedo a las Farc, pero que hayan despojado tierras, eso no es cierto, ese despojo yo, por lo menos, no lo conozco, sería muy interesante que lo probaran”.

Foto tomada de internet