Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Viernes, septiembre 30 de 2016
 

Paz

Primer visita de víctimas del conflicto un hecho sin precendentes: FARC

Miércoles 20 de agosto de 2014

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Lo sucedido el 16 de agosto es un acontecimiento sin precedentes. Nunca en medio de unas conversaciones de paz se había escuchado el testimonio de las víctimas del conflicto. Nunca antes la participación directa de quienes han sufrido las consecuencias de la guerra, ha aportado tanto a proceso de paz alguno.

La Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz, agosto 20 de 2014

“Que haya justicia para todos. Que haya paz para todos. Que haya trabajo,
pan, agua y sal para todos. Que cada uno de nosotros sepa que todo cuerpo,
toda mente y toda alma han sido liberados para que puedan sentirse realizados”.
“todo parece imposible hasta que se hace”. NELSON MANDELA

Las víctimas del conflicto en Colombia, al socializar sus relatos, al compartir sus experiencias personales de victimización en un ambiente de respeto por las aflicciones de cada uno, han comprendido que el camino para superar el dolor no es la confrontación que dispersa y nubla la visión, sino la determinación colectiva de buscar la solución política de la guerra, la reconciliación de la familia colombiana sobre bases de justicia social, lo que da sentido a sus vidas. Los desgarramientos del alma encuentran en la paz política, la reparación que anhelan.

Es el estímulo de estos sentimientos y no la agitación de los odios que promueven algunos medios enfermos por la insania de la guerra, el egoísmo y la exclusión, lo que debe florecer en una tierra abonada con tanta sangre hermana. Basta ya de utilizar micrófonos y cámaras para perpetuar el conflicto fratricida. Los que anhelamos la concordia somos más que esas minorías arbitrarias y tiránicas que pretenden perpetuar su hegemonía con el arrasamiento total de los derechos humanos.

La mentira propalada con perfidia, de que las víctimas son exclusivas de una sola parte, es la cizaña y la voz de la discordia que debe ser rechazada.

Colombia es un país con muchas riquezas naturales, con millones de gentes solidarias que entienden que es posible, con esas riquezas materiales y espirituales que nos provee la patria, desterrar por siempre la desigualdad y la pobreza, y plantar la justicia.

Por todo esto, por las inmensas potencialidades que entrañan, valoramos las voces y las memorias, y los sentimientos de humanidad que trajeron desde una Colombia en guerra hasta La Habana, las víctimas del más largo conflicto social y armado del hemisferio.

Que se abran con urgencia las puertas de las prisiones donde por largos años han permanecido encadenadas la dignidad humana, el derecho a la opción política, la democracia verdadera, la participación ciudadana en los planes estratégicos de la Nación, el nuevo modelo económico para el bienestar y el buen vivir, las reformas a los sistemas electoral y judicial, el derecho de la gente del común a ser gobierno, el cambio de la doctrina militar, la recuperación de la riqueza natural y la reapropiación social de los bienes comunes, la soberanía nacional y el sentimiento de patria, y la constituyente para la transición hacia la Nueva Colombia.

No necesitamos acudir a actos legislativos de ninguna especie para saber que las víctimas del conflicto tienen derechos. Aquí hace falta escuchar la voz de más de 30 millones de colombianos que viven en la pobreza y la exclusión, la miseria y la desigualdad, víctimas de las injustas políticas económicas implementadas por las élites que nos mal gobiernan.

Este proceso estaría más cerca del acuerdo final si se hubiese escuchado nuestra voz reclamando la participación de la gente del común en las discusiones de los temas sobre tierras, Participación Política, Solución al problema de las drogas de uso ilícito, como por fin ocurrió con las víctimas del conflicto.

En la búsqueda colectiva de la paz no se puede desdeñar el mandato del preámbulo del Acuerdo General de La Habana, que define que “la construcción de la paz es asunto de la sociedad en su conjunto que requiere de la participación de todos, sin distinción”. En esa dirección, estimamos que la Casa de Nariño debe escuchar la voz multitudinaria de los Foros reclamando desde Villavicencio, Barrancabermeja, Barranquilla y Cali, un cese bilateral del fuego para evitar mayores victimizaciones. El primer grupo de víctimas del conflicto ha reiterado este clamor durante su visita a La Habana. Es lo que también hemos propuesto desde el inicio mismo de las conversaciones, frente a lo cual la contraparte no debería seguir respondiendo con la indiferencia.

DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP

 
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