Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Martes, noviembre 29 de 2016
 

Las mujeres en los procesos organizativos de la red CONPAZ

Lunes 27 de abril de 2015

2 | |

Las mujeres que hacen parte de la red CONPAZ han cumplido un papel fundamental en la consolidación de todas las iniciativas organizativas, en la reafirmación de sus derechos, en la visibilización de las problemáticas dentro de sus territorios, en escenarios de incidencia y exigencia del reconocimiento de sus afectaciones y sus propuestas de reparación, en la defensa de los territorios, las comunidades, las familias y las personas que habitan dentro de ellos.

Este papel ha logrado un reconocimiento a nivel familiar, comunitario y social con el paso del tiempo y la confluencia de circunstancias determinantes en la vida de las comunidades que hicieron que se destacara con fuerza y claridad su rol de entrega, protección y liderazgo; este proceso ha transformado la comprensión que se ha tenido del rol de la mujer, las dinámicas en las que se continua reconfigurando este rol, las formas y las necesidades organizativas.

Los procesos de las mujeres se fueron fortaleciendo en medio de sus quehaceres en el hogar, la comunidad y la organización. Ellas se empoderaban desde sus conocimientos tradicionales de preparación de alimentos, medicina tradicional, partería, entre otros trabajos comunitarios, con los que ayudaban a los que allí convivían, especialmente a sus compañeros, quienes salían a trabajar durante todo el día a los cultivos o a participar en las organizaciones sociales que había en los territorios.

Sin embargo, las mujeres con apoyo de algunos hombres, comenzaron a pensarse en nuevas posibilidades y formas de participación en sus comunidades. En algunos territorios las mujeres se comenzaron a organizar y fueron pioneras en procesos de exigencia de sus derechos a la participación política y al voto a través de las primeras organizaciones de mujeres que se conformaron en las regiones hacia los años 50, “nosotras no le pedíamos al gobierno sino eso, porque el congreso fue en el Palacio, lo hicimos en el Palacio en Bogotá, primer congreso femenino y después fuimos al del Meta a otro congreso, a hacer esa misma petición, que la mujer tuviera derecho de voz y voto porque nosotros no teníamos, apenas arreglar la casa, lavar y no era más, y ahorita hay personas que pueden trabajar y tener puestos, porque primero no era nada, nosotras no valíamos nada”. [1]

Dentro de las comunidades el papel de la mujer se hizo cada vez más importante cuando se comenzaron a desatar con más fuerza las acciones de violencia sociopolítica en contra de organizaciones y líderes comunitarios (en su mayoría hombres), pues fueron ellas quienes bajo circunstancias de amenaza contra sus compañeros por parte de grupos paramilitares, decidieron tomar el lugar que ellos tenían fuera de sus hogares, para ser ellas quienes manejaran el dinero, salieran a los centros urbanos a realizar las compras del mercado, se enfrentaran con los actores armados y les reclamaran por el respeto a los derechos de su comunidad “mi mamá en el desplazamiento se convirtió en una líder muy importante pues porque ella incluso cuando se dio en el 96 lo del bloqueo económico, a ella los paras la retuvieron en una proveedora, ella habló muchas cosas que ¿Por qué hacían eso?, todo”. [2]

Con el desplazamiento forzado, en algunos territorios se agudizaron las acciones en contra de la comunidad y de manera particular en contra de las mujeres, bajo diferentes formas de violencia sexual y violencia de género que incluían maltrato físico, maltrato psicológico, violaciones, entre otras, con el objetivo de intimidar a las comunidades y demostrar su dominio, comprendiendo a la mujer como un objeto, como un elemento más en esa disputa por el territorio, como “otro territorio” que se podía despojar y disponer sin ninguna restricción. El principal objetivo en toda la dinámica de violencia y desplazamiento era obligar a la comunidad en general y en especial a los hombres a vender los terrenos al ser ellos los titulares, pues de no hacerlo eran asesinados o desaparecidos, la frase que muchas mujeres recuerdan de esas intimidaciones a sus compañeros era “me vende usted o le compramos a la viuda”.

En esa dinámica de exterminio, muchos hombres perdieron la vida y las mujeres tuvieron que asumir la labor de proveer económicamente a sus hogares y hacerse cargo completamente del cuidado de sus familias, comenzar a trabajar junto con sus hijos mayores en lo que se pudiera y tratar de superar todos los dolores causados por la violencia y el desplazamiento, ante la obligación y la necesidad inminente de hacer algo para sobrevivir, “Son cosas muy duras, pero que uno tiene que hacerles frente por los hijos, yo he hecho lo que he hecho por mis hijos”. [3]

Ese momento lleno de tantos desafíos y retos para ellas, antes que vencerlas resultó ser una nueva motivación, para continuar empoderándose y exigiendo sus derechos al territorio y la vida digna, bajo una conciencia de transformación que parte de sus acciones, sus voluntades y sus exigencias por aquello que esperaban para el futuro cercano, y que aún hoy después de muchos años continua motivando sus movilizaciones y las de su comunidad, “estamos cansados hoy no queremos más huérfanos, no queremos más guerra, no queremos más viudas, no queremos más lágrimas, queremos que haiga la paz porque ninguna guerra en el mundo fue estable”.
 [4]

Comenzaron a reunirse todas y todos los que estaban atravesando esta situación de desplazamiento en cada una de sus regiones, pues era demasiado difícil lo que estaban viviendo, pasaban muchas necesidades, escaseaba el alimento, no tenían una vivienda, no tenían ofertas laborales, brotaban enfermedades generadas por el hacinamiento en algunos lugares, la condiciones insalubres en las que eran obligados a vivir, el estrés, la desnutrición y muchos otros factores. En esos espacios de reunión la decisión era clara para ellos y ellas, regresar al territorio era su mejor opción, “uno ignorante ¿qué va a hacer a un pueblo? A morirse de hambre, ahí en Bajira na más es, hay personas que viven en Bajira y si desayunan no almuerzan ¿ah?, entonces eso me hace luchar a ver si nos dejan trabajar en paz si quiera pa’ uno mantenerse, oiga bien, pero esta dura, esta lucha esta dura pero de todas maneras estamos trabajando, estamos trabajando”. [5]

Se comenzaron a gestar los procesos organizativos con el objetivo de regresar al territorio, buscar la verdad y la justicia por los hechos de los que fueron víctimas ellos y sus familiares asesinados y desaparecidos, comenzaron a construir pliegos de exigencia al gobierno para el reconocimiento de todas las afectaciones que les causaron, exigieron garantías para regresar al territorio, apoyo económico para su sostenimiento durante el desplazamiento, entre otras. En este proceso la participación de las mujeres era trascendental pues existían temores de que los hombres pudieran ser asesinados y muchos de ellos habían decidido limitar su participación en espacios más privados, “tenía que luchar no solo por mis hijos sino por la comunidad entera, demostrarle a las comunidades que en esta vida nada es imposible que si uno se propone hay cosas que se pueden cambiar, que se pueden hacer, y al sentir el apoyo de las comunidades eso lo hace a uno que uno tiene que luchar por la gente”. [6]

Las mujeres comenzaron a participar en diferentes escenarios de interacción y de compartir con otras comunidades afectadas por hechos de vulneración similares y esto resulto en un ejercicio que comenzó a aportar en dos sentidos, por un lado, promovió el empoderamiento de comunidades y personas que no se habían atrevido a denunciar sus afectaciones, ni habían iniciado ningún proceso por temor, y por otro lado propició la elaboración de las afectaciones personales que antes ellas mismas no habían podido abordar por las urgencias de la cotidianidad, “comencé en muchos eventos pequeños de la misma comunidad en otras comunidades a compartir, a hablar, al hablar me fui desahogando, me fui… como que la mente y el corazón me fue despejando y dije no me puedo quedar aquí en el silencio ni me puedo quedar encerrada, voy a compartir lo que siento (…) yo sentía que mi vida iba cambiando, que mis compañeros me necesitaban, que la comunidad me necesitaba”. [7]

Las comunidades vieron con desamparo cómo las exigencias que hacían al gobierno no tenían eco, muchas veces ni siquiera fueron recibidas con la relevancia que merecían. Pasaba el tiempo y sus necesidades continuaban sin respuesta, ante ese escenario ellos y ellas decidieron regresar a los territorios sin garantías de protección por parte del Estado, a pesar de la continuidad del conflicto, de las amenazas que recibían por parte de paramilitares y ocupantes de mala fe que se habían apropiado de sus territorios, y la total desprotección por parte de la fuerza pública a pesar de sus denuncias, pero por otro lado con la fuerza y la motivación de todo lo que para ellas representa ese vínculo con su territorio y la posibilidad de regresar a él. En ese proceso las mujeres llevaron a cabo un papel importante en la construcción de mecanismos de autoprotección para el regreso y permanencia de las comunidades en los territorios, participando en la creación de Zonas, Refugios Temporales y Espacios Humanitarios; Zonas de Reserva Campesina; Zonas de Biodiversidad; Fincas Agroecológicas; Zonas Especiales de Encuentro y Autonomía, y Resguardos Humanitarios y ambientales.

“La fuerza que Dios me ha dado es porque esta tierrita es herencia de mi padre, esa tierra era de mi papá, cuando él se fue él dejó esa finquita ahí y él me dejó, me dijo que me quedara ahí, entonces es para mí algo muy sagrado, y también que de pronto por ese pedacito de tierra perdió la vida mi esposo porque si no hubiéramos tenido tierra de pronto no hubiéramos venido a dar acá, pero por esa tierrita él vino conmigo acá a trabajar ahí en esa tierrita y ahí perdió la vida mi esposo, todo eso me amarra y también el tener dónde que mis hijos trabajen y que son tierras muy buenas”. [8]

Una vez en los territorios las comunidades decidieron darle continuidad a todo su proceso organizativo al verlo como una opción posibilitadora para la exigencia de sus derechos los cuales aún continuaban siendo vulnerados, para continuar su formación y empoderamiento, para recuperar y fortalecer el tejido social destruido por el desplazamiento y los crímenes cometidos en ese marco, para mantenerse fuertes en sus Espacios Humanitarios en medio de la guerra, las amenazas de los grupos armados y las acciones emprendidas por empresarios poseedores de mala fe para desplazarlos nuevamente de allí.

Las mujeres fueron consolidando sus espacios de participación a través de los comités de mujeres, los espacios comunitarios, la junta directiva de las organizaciones entre otros escenarios donde tenían un rol importante que desempeñar. Desde allí promovieron nuevos espacios de encuentro al interior de las comunidades y entre ellas, “además del trabajo en la tienda se iban desarrollando otras actividades, como los encuentros con los comités de mujeres de otros procesos a nivel nacional (comité de mujeres de Cacarica y Comité de Mujeres de Bajo Calima) e internacional (Organización de mujeres de Ecuador), […] también desarrollaron actividades de alfabetización con el equipo pedagógico, donde algunas de ellas aprendieron a leer, a escribir y a realizar operaciones matemáticas; participaron en espacios de formación sobre manualidades y algunas de ellas aprendieron a hacer manillas, tejer, y hacer bolsos; realizaron intercambio de saberes con mujeres de otras comunidades y convocaron a una mujer de la cuenca de Cacarica quien les enseñó a hacer jabón; de esta manera cada una de las mujeres del comité fue consolidando nuevos aprendizajes y descubriendo sus habilidades”. [9]

De la mano con estas actividades también desarrollaron estrategias y acciones para defender los espacios humanitarios pues hacerlos desplazar nuevamente del territorio era el principal objetivo de los grupos armados. En un primer momento los hombres se colocaron al frente en esta tarea, salían a los límites de los espacios para confrontar a los paramilitares, los administradores puestos allí por empresarios ocupantes de mala fe o trabajadores a su servicio, para evitar que ingresaran en el espacio, dañaran los cultivos, lastimaran a alguna persona de la comunidad, etc. Sin embargo nuevamente vinieron los riesgos sobre la vida de estos hombres pues las confrontaciones eran cada vez más fuertes, por eso las mujeres tomaron el liderazgo en la defensa de los espacios y comenzaron a desarrollar estrategias muy creativas para defenderlos
“ yo aquí en Caracolí luche con nueve mujeres más y vencimos a esta lucha de sacar ese ganado de aquí, lo retiramos y fuimos las mujeres las que lo hicimos, gracias a Dios, como nos tocara con tambores, con flauta, con lo que fuera pero lo sacamos, que no habíamos podido porque con la violencia no se hace nada, les dijimos a los hombres que no se metieran porque ellos de pronto actuaban con más violencia que nosotras aunque nosotras no éramos muy mansitas que digamos pero tampoco no machetiabamos a nadie ni nada sino que era con estrategias que hacíamos las cosas, por ejemplo, una estrategia fue la de llevarnos un tambor y corretiar el ganado con un tambor, otra estrategia era la de quedarnos en el camellón durmiendo y atajando el ganado, esa fue una que el administrador también como que ensayo y no pudo porque él se fue y no volvió más, otra era la de sacar el ganado y ponerlo a la orilla de la carretera a aguantar sed y hambre para que ellos vieran a ver que iban a hacer con su ganado y así vencimos eso”. [10]

Todas estas acciones formativas, políticas, recreativas y comunitarias se fueron fortaleciendo con el paso del tiempo en su ejercicio de resistencia dentro de los territorios, pero esta labor inevitablemente tuvo repercusiones para ellas, sus familias y su comunidad, entonces también comenzaron a ser perseguidas y agredidas bajo estrategias de guerra psicológica más fuertes, teniendo en cuenta que como mujeres se caracterizan por ejercer un rol de protección y cuidado de los demás y que sus maneras de afrontamiento están más ligadas desde el afecto y las emociones, siendo más vulnerables a este tipo de estrategias; así comenzaron a ser seguidas, perseguidas, intimidadas, amenazadas a través de llamadas, mensajes en los que se comprometía la seguridad y el bienestar de sus seres queridos, entre otras acciones centradas en atacar sus vínculos más fuertes y por tanto su bienestar psicológico.

Para hacerle frente a estas situaciones, las mujeres de la mano con los compañeros de sus comunidades comenzaron a generar claridades acerca de las acciones que se suscitaban en su contra comprendiéndolas en el marco del conflicto armado, los intereses por su territorio y los intentos por callar la verdad de lo que allí estaba sucediendo “yo digo que esas amenazas es para ver si yo me echo atrás de lo que yo he dicho, bien lo dicen en los mensajes, que si retiro las denuncias no me pasa nada”. [11]

Bajo estas comprensiones, dichas acciones de guerra pudieron ser valoradas de una manera distinta evitando que se generara sentimientos de miedo, desamparo e impotencia que es lo que se pretende suscitar con ellas, sin embargo esto obligo a algunas de ellas a tomar decisiones importantes en sus vidas, como por ejemplo alejarse de sus familias, de sus hijos para garantizar su seguridad, desplazarse nuevamente de sus territorios por un tiempo indefinido, cortar su comunicación con familiares y amigos, restringir sus salidas, asumir esquemas de seguridad como un chaleco antibalas y un celular sin señal dentro de algunos territorios, o la protección de escoltas que les acompañen permanentemente desapareciendo su libertad e intimidad, y hasta salir al exilio.

Aunque para muchas de ellas hubiese sido más fácil retirar sus denuncias, desistir de sus exigencias de verdad, justicia y reparación integral, aceptar el dinero que les ofrecían para rehacer sus vidas en otro lugar en compañía de sus familias y garantizar su calidad de vida, ellas decidieron asumir las consecuencias de sus opciones y luchas, por la conciencia de las apuestas de sus comunidades y el papel que ellas desempeñan en la búsqueda de la paz para sus territorios y para el país, “yo no me siento cansada todavía a nivel de esta resistencia porque como ustedes muy bien lo ven que pa’ donde me toca, ahí estoy, enfrentando lo que me toque porque yo quiero que se construya una Colombia nueva para los que vienen naciendo, quede construida la Colombia nueva esta etapa no sea para ellos, que sea una nueva Colombia, tanto para las mujeres como para los hombres que vienen a levantar”. [12]

A partir de estos posicionamientos el compromiso de las mujeres ha sido total, han entregado sus vidas a estas luchas y se han dispuesto completamente para ellas estando preparadas para asumir cualquier escenario que se les presente sin temor a expresar su sentir, su pensar y su anhelar, “las mujeres son el motor principal para todo lo que se llame eventos o trabajos también, porque siempre están ahí, ellas son las que toman la vocería en los trabajos y esas son cosas que ufff lo animan a uno” [13] de esta manera las mujeres han liderado acciones de dignificación en sus territorios, exigiendo la salida de los empresarios poseedores de mala fe, sus administradores y trabajadores de los lugares que les pertenecen, derrumbando las mayorías o los lugares lujosos donde ellos llegaban a vivir mientras la comunidad como legitima dueña pasaba hambre y necesidades en lugares de habitación improvisados con plástico y lona, logrando con este gesto simbólico expresar su exigencia de justicia y su perseverancia en esa lucha por recuperar los territorios a pesar de la ausencia del Estado.

Otras mujeres han levantado su voz en escenarios judiciales, nacionales e internacionales para denunciar la verdad de lo sucedido con sus comunidades, sus familiares asesinados, torturados y desaparecidos, a pesar de las amenazas proferidas en su contra para evitar que testifiquen y las acciones de revictimización que han recibido por parte de los funcionarios públicos y los abogados del Estado, quienes antes de hacer un reconocimiento de las responsabilidades que el gobierno tiene en los casos de vulneración de derechos, buscan deslegitimar el testimonio de las víctimas insinuando que es falso, inventado, inseguro, etc.

Otras mujeres han participado en diferentes escenarios de incidencia compartiendo su testimonio y las propuestas creadas al interior de sus organizaciones para dar solución a toda la problemática que rodea el conflicto armado colombiano en cada uno de sus territorios, interactuando con diferentes organizaciones, con entidades del gobierno y con sus representantes (ministros, viceministros, presidente, etc.). Por ejemplo, en noviembre del año 2014, una mujer, lideresa e integrante de la red CONPAZ fue convocada a participar en la mesa de diálogos de paz de La Habana, en una de las cinco delegaciones de víctimas que se eligieron. En este espacio ella expuso su caso en nombre de todas las víctimas de crímenes de Estado y durante los 15 minutos que le asignaron para intervenir habló de la situación actual de las víctimas, la impunidad que rodea sus casos, las acciones que se continúan realizando en su contra por parte del Estado y las Fuerzas Militares, y lo más importante su fortaleza y decisión para continuar su exigencia de verdad y justicia no solo con los actores materiales de la violaciones a sus derechos sino también con los intelectuales, aquellos que dan las ordenes.

Llegar a este escenario representó logros en muchos sentidos, un reconocimiento de la labor incansable que han realizado las comunidades en la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación integral; una aceptación, aunque mínima, por parte del Estado de su responsabilidad en la generación de víctimas en el país; una afirmación del derecho de las mujeres a participar, liderar y representar las organizaciones a las que pertenecen; un compromiso puesto en los hombros de los representantes del Estado y de las Fuerzas Militares que con asombro aseguraron desconocer el caso de esta mujer y el de muchas otras víctimas, a través de una vela apagada, que ella entregó al general Mora Rangel en la Habana, como símbolo de que la luz de la paz se encenderá el día que se haga justicia y que está en sus manos poderla encender.
Es así como las mujeres de las comunidades se han posicionado en diferentes escenarios de participación, han desarrollado un rol de dinamización de los procesos organizativos, han acompañado a niños y niñas en sus espacios de formación, en la construcción de formas relacionales respetuosas y cordiales con sus amigos y amigas a través de ejercicios de danza, música, canto, etc.; han participado en la junta directiva de sus organizaciones; han realizado labores de representación de sus comunidades en los encuentros nacionales y regionales de CONPAZ; dentro de los Espacios Humanitarios han llevado a cabo una labor de protección no solo en sus hogares, de sus hijos, también de su comunidad en los momentos en que han tenido que confrontar paramilitares, ocupantes de mala fe, trabajadores de empresarios ocupantes de mala fe, entre otros, pues son ellas quienes se organizan para exigir la salida inmediata de estas personas de los espacios; desde su historia de formación política y su participación activa se han convertido en referentes para otras personas y otros procesos que se gestan dentro de los territorios “yo creo que una de las cosas que me ha fortalecido mucho ha sido mi madre, porque mi madre es muy fuerte, ella es una mujer muy, muy dedicada a sus cuestiones políticas, y todo, entonces ella como que nos ha infundido eso”. [14]

A partir de todas estas actuaciones las mujeres han ido descubriendo un lenguaje propio y cotidiano y unas formas particulares para asumir, expresar y afrontar las realidades que observan y experimentan redefiniendo su rol en la sociedad desde una posición firme de rechazo a las injusticias y las vulneraciones, “si nos quedamos quietos cuando matan a una persona por defender sus derechos y los de la comunidad, pues luego vendrán y nos matarán a todos”, [15]. un rol que también se compromete con la transformación de la sociedad empezando desde sus comunidades “tengo que luchar para mirar que nuestro jóvenes tengan otra mejor vida, otro mejores pensamientos, que no piensen que el camino de coger una fila, de empuñar un arma no es lo mejor” [16] y un rol que alimenta la esperanza de un futuro distinto construido desde ya con sus propias manos y esfuerzos “nosotros como mujeres somos capaces, que tenemos ese valor y esa fuerza para buscar que la justicia se dé algún día, no se verá pronto pero yo creo que si yo no veo la justicia mis hijos, mis nietos la verán algún día pero algo hay que dejar sembrado en las comunidades para que esa semilla un día que se deja sembrada ojala caiga en tierra buena y algún día florezca y de fruto”. [17]

Día a día continúan construyendo sus sueños alrededor del amor, la entrega y la afirmación de sus derechos, los de sus familias y sus comunidades, “siempre se ha visto que las mujeres somos muy luchadoras en la comunidad y entonces el objetivo de nosotras es como poder ayudar, por ejemplo como ayudar a las otras mujeres […] que nosotras las mujeres tengamos también, tengamos nosotras como nuestro sitio y así y pues esto es de las mujeres y nosotras cualquier día que se le ofrezca cualquier ayuda a la comunidad nosotras tener con que ayudar la comunidad, pues ese siempre ha sido el propósito de las mujeres” [18]. Día a día cada una de ellas se va edificando y va fortaleciendo los aprendizajes que ha adquirido a través de las experiencias vividas, para continuar asumiendo retos en la exigencia de sus derechos “Yo ahora me siento capaz de emprender cualquier cosa y poderla sacar adelante porque yo he aprendido mucho es de la gente, de compartir lo poco, lo mucho o nada que uno sabe y que los demás le compartan y de eso yo me he venido formando gracias a este proceso”. [19]

Notas

[1Relato de una mujer de CIVIPAZ, El Castillo Meta.

[2Relato de una joven de CAVIDA, Cacarica Chocó

[3Relato de una mujer de Curvaradó Chocó.

[4Relato de una matriarca del Curvaradó Chocó.

[5Relato de una matriarca del Curvaradó Chocó.

[6Relato de una lideresa del Cauca

[7Relato de una lideresa del Cauca

[8Relato de una mujer del Curvaradó, Chocó.

[9Equipo psicosocial. (2013). Lectura psicosocial Comité de mujeres Los Clamores. Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.

[10Relato de una lideresa de Caracolí, Curvaradó Chocó.

[11Equipo psicosocial. (2014). Lectura psicosocial: Yomaira Mendoza. Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Bogotá.

[12Relato de una lideresa del Curvaradó, Chocó.

[13Relato de un joven de CAVIDA, Cacarica Chocó.

[14Relato de una joven de CAVIDA, Cacarica Chocó.

[15Relato de una mujer de CIVIPAZ, El Castillo Meta

[16Relato de una lideresa del Cauca.

[17Relato de una lideresa del Cauca.

[18Relato de una joven de Curvaradó Chocó

[19Relato de una lideresa del Cauca

 
Dirección: Carrera 37A No 25B-42, Bogotá D.C. Colombia Telefax: (57-1) 2687179 / 2687161
 
Desarrollado por Atarraya