Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Lunes, noviembre 28 de 2016
 

Fe y Política

Homenaje a las madres y padres vivos de los desaparecidos del Palacio de Justicia

Martes 2 de septiembre de 2014

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Era un deber ético y moral, desde hace mucho tiempo, hacerles un reconocimiento y un homenaje a ustedes, en nombre de la humanidad y de la dignidad porque han conservado la memoria, la historia de sus seres queridos desaparecidos forzados hace 28 años por miembros de la fuerza pública y a quienes el Estado y el Poder han querido desaparecer de la conciencia social, de la memoria colectiva y de la historia y gracias a ustedes, “celosos guardianes de la dignidad” no lo han logrado.

Admiradas y respetadas Clara y Carmen
Admirados y respetados Bernardo y Héctor

Es un deber social hacer este homenaje porque sus 28 años de búsqueda han sido un ejemplo de dignidad, de valor para vencer “tantos y tantos” obstáculos como solo ustedes y sus familias conocen; porque su pregunta constante, insistente, digna y altiva, desde el dolor, la angustia, la esperanza y la tristeza: ¿Dónde están los desaparecidos del Palacio de Justicia? ha sido impertinente, molesta e inoportuna para el poder, para los militares, para el estado y ha sido una pregunta necesaria y oportunidad para quienes buscamos un país más justo y digno, ha sido una pregunta inspiradora y solidaria para todas de las víctimas de crímenes de estado.

La tragedia que ustedes encarnan ha puesto al descubierto los fundamentos sobre los cuales se ha construido esta democracia aparente y falaz y es necesario ver la “realidad real” para construir, desde abajo y desde el fondo, los cimientos de una verdadero democracia y ustedes están aportando verdad, dignidad, memoria; ustedes han mostrado lo que en Colombia se llama justicia que está muy lejos de una justicia decente. Ver y reconocer que ha pasado con el Palacio de Justicia, es necesario para construir una justicia justa.

Nos quedamos cortos en los signos y en las palabras para reconocer el valor de sus luchas y el significado de su larga búsqueda, de “El suplicio de la larga espera”.

Por eso recurrimos y parafraseamos las palabras de la Biblia que recogen y expresan luchas, conflictos y sentidos de ayer que iluminan sentidos, luchas y conflictos de hoy:

“El mismo Dios que mandó a la luz de la memoria brillar en las tinieblas, es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que desde nosotros se irradie la verdad de los desaparecidos y de todas las víctimas de la historia, como se revela nuestros rostros marcados por el dolor, lo años y el cansancio.
Llevamos del tesoro de la memoria en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria viene de Dios a través de nuestros seres queridos desaparecidos y y de la decisión de buscar hasta el final lo verdad a pesar de nuestros conflictos, desesperanzas, fracasos y problemas. Por todas partes nos aprietan, pero no nos aplastan; andamos con graves preocupaciones pero no desesperados; somos perseguidos pero no desamparados; derribados pero no aniquilados; siempre y en todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús que se repite en nuestra historia. Continuamente, nosotros los que vivimos, estamos expuestos a la muerte por causa de nuestra búsqueda; pero como poseemos el espíritu de la fe, el amor de nuestros familiares, con su fuerza hablamos de lo que sabemos, conocemos y creemos”. (2Corintos 4, 6-13)

Gracias por su vida, por su lucha, por su testimonio.

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.

 
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