Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Viernes, septiembre 30 de 2016
 

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Estudiante, enfermo y reclutado a las malas

Pacifista

Viernes 9 de septiembre de 2016

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La mañana del 16 de febrero de 2016, cuando iba para el colegio, Jhon Cano fue retenido por soldados del Distrito Militar Nº 3 de Bogotá, ubicado en la localidad de Kennedy. Como no había prestado servicio militar obligatorio, fue trasladado de inmediato a las instalaciones militares para que resolviera su situación de remiso, práctica que, por demás, fue prohibida por la Corte Constitucional en 2014. Al día siguiente, papeles en mano, su madre acudió al Distrito para demostrar que él no veía ni oía bien, razones suficientes para no convertirse en soldado.

Pese a ello, Cano fue enviado a la Brigada de Selva n.o 26 del Ejército, adscrita a la Sexta División y ubicada en Leticia (Amazonas), a 1.100 kilómetros de su casa. Tres semanas después, su madre y su tía interpusieron una acción de habeas corpus alegando que el Ejército lo había privado de la libertad ilícitamente, por lo que pidieron su liberación inmediata. En una decisión de 13 páginas, la jueza 56 penal del Circuito de Bogotá, programa de descongestión O.I.T., Gloria Guzmán, les dio la razón y ordenó investigar a un teniente coronel y a un capitán.

Esta es la historia.

1.

Una vez conoció que la familia de Cano tramitaba un habeas corpus, el comandante del Distrito Militar n.o 3 de Bogotá, capitán Fredy Páez, aseguró que, el 20 de febrero, Cano fue incorporado al Batallón de Infantería n.o 50, adscrito a la Brigada n.o 26, porque el 19 de febrero varios profesionales de la salud lo encontraron apto para prestar servicio militar obligatorio.

2.

En otro escrito, el comandante del Batallón n.o 50, teniente coronel Juan Varón, declaró que el joven no fue detenido en la calle, sino que acudió por su propia voluntad a una citación que le habían hecho para el 17 de febrero con el fin de practicarle exámenes que permitieran determinar si podía prestar servicio militar. Según él, los médicos lo encontraron apto y por eso fue trasladado a Leticia.

3.

Al estudiar ambos documentos, la jueza encontró inconsistencias. Dijo que si Cano fue retenido el 16 de febrero, resultaba extraño que le hubieran practicado los exámenes varios días después. Más adelante, llamó la atención por el hecho de que ambos oficiales se contradijeran en las fechas, ya que Páez aseguró que las valoraciones se realizaron el 19 de febrero, mientras que Varón dijo que se habían practicado el 17. Además, la jueza determinó que la boleta de citación no tenía fecha de expedición, por lo que ese documento no servía para demostrar “que fue efectiva y realmente entregada al joven antes de su retención y no cuando ya se hallaba recluido dentro de ese Distrito”.

4.

Según la ley colombiana, todos los hombres mayores de 18 años están obligados a resolver su situación militar, a excepción de los estudiantes de bachillerato. En una constancia expedida a finales de febrero, el colegio El Triángulo certificó que Cano estaba estudiando un ciclo especial que correspondía a los cursos octavo y noveno. Por esa razón, no podía ser reclutado.

5.

En la historia clínica de Cano consta que él tiene dos enfermedades en los ojos: ambliopía y queratocono, por lo que debe usar gafas todos los días. Su madre también declaró que “tiene un compromiso auditivo de carácter grave”. Ningunas de las tres condiciones le permiten desempeñarse como soldado.

6.

Al estudiar los exámenes médicos que practicó el Ejército, la jueza concluyó que no tenían “los más elementales criterios técnicos científicos que permitan diagnosticar con seriedad la verdadera situación de salud”. También dijo que era “vergonzosa” la manera como los militares declaraban que una persona podía integrarse a las filas, porque no analizaban su condición física ni psicológica. Al menos eso le ocurrió a Cano, teniendo en cuenta que el Ejército ni siquiera se dio cuenta de que tenía dos enfermedades oculares.

7.

Como Cano fue reclutado pese a que estaba estudiando el bachillerato –y a que estaba enfermo– la jueza le ordenó al Ejército que lo dejara en libertad y lo trasladara a Bogotá, donde debía entregárselo personalmente a su madre. Además, le exigió que le devolviera sus documentos y pertenencias, y que no lo agrediera física ni verbalmente como retaliación por haber acudido a la justicia. Según consta en la decisión, algunas de esas determinaciones se tomaron teniendo en cuenta un documento elaborado por la Asociación Cristiana Menonita para Justicia, Paz y Acción no violenta, en el que asegura que cuando los jóvenes son desvinculados, el Ejército les retiene los documentos y no los ayuda a regresar a sus ciudades de origen.

8.
Finalmente, la jueza le pidió a la Procuraduría que investigara si el capitán Páez y el teniente coronel Varón cometieron faltas disciplinarias en el proceso de incorporación de Jhon Cano. Asimismo, le solicitó a la Fiscalía que indagara la veracidad de varios documentos suministrados por el Ejército, entre ellos la boleta de citación con la que, supuestamente, se le pidió al joven acudir al Distrito Militar de Kennedy.

Fuente: http://pacifista.co/estudiante-enfermo-y-reclutado-a-las-malas/ .

 
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