Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Viernes, septiembre 30 de 2016
 

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Desde ellas la tierra y la paz de Colombia

Lunes 31 de marzo de 2014

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Algunos y algunas de ellas nos han dicho que prefieren morir a quedarse sin territorio porque son aire, árbol, montaña, río, ciénaga, bosque, flor, pez, guagua, mariposa, vida biodiversa. Perder la vida es no tener la tierra, dice Enrique Petro, un hombre curtido en resistencias que regresó 5 años después del desplazamiento forzado que protagonizaron militares y paramilitares para despojarlo de su tierra y plantarla palma aceitera...

“Ya nadie sabe ser feliz a costa del despojo, gracias a ti y a tus ojos”

En “Ojos color sol” de Calle 13 y Silvio Rodríguez

...Pudo rescatar 2 hectáreas de sus más de 100 que se fueron oasis en medio del desierto verde. En su soledad se daba ánimo cantando cual profeta “si un ejército acampa contra mí, yo no le temeré”.

También Ledys, una joven madre, regresó a su tierra respaldada por una hoja de papel en el que escribió “Zona Humanitaria”, inscripción que representa la forma en que regresaron y se organizaron en sus tierras afrodescendientes del Cacarica, del Jiguamiandó y del Curvaradó. La pegó arriba de la puerta de la derruida escuela que sobrevivió al despojo “Si a ellos no los han podido volver a desplazar viviendo en zonas humanitarias, a nosotros tampoco”, dijo decidida. Las cuatro familias que la acompañaron vivieron en lo que quedaba de la escuela, otros en lo que quedaba de iglesia.

En Putumayo Janny ha enfrentado la indolencia militar que dispara ráfagas de fusil a su Zona de Reserva Campesina amparando empresas petroleras que exploran, sin permiso de la comunidad, el área. Los armados argumentan que lo hacen para familiarizar a los campesinos con la institucionalizad. En esa zona del país así se dan a conocer y la amenaza de muerte es la respuesta a quienes se oponen, tal como ocurre con la lideresa.

En Inzá Cauca Luz Marina se resistió a aceptar el pedido de perdón formal que una sentencia judicial impuso a los militares que asesinaron a su hija y dejaron gravemente herido a un amigo. Los presentaron en su momento como combatientes de la guerrilla. No contaron con la tenacidad del amor de madre que se levantó contra la brutalidad militar hasta demostrar que su hija y amigo no eran guerrilleros, sino piezas de la impune estrategia de asesinar y mostrar a las víctimas como resultado del exitoso combate contra la insurgencia.

Como ellas y ellos son las historias de Rosalba, Manuel, María, Jhon, Areiza, Eustaquio, Evelio, Liliana, Rodrigo, Emedelia, Josefina, Heleodoro, María, Javier, Felix, Alberto, Eustaquio, Liria Rosa, Enrique... que resisten en Chocó, Putumayo, Cauca, Antioquia, Meta, Valle, Magdalena, Sucre, tantas y de tantos que como ellas y ellos en todo el país afirman su dignidad construyendo paz en los territorios.

Regresaron sin permiso

Regresaron a sus tierras luego de que el Estado les desplazara con el argumento de que perseguían a las guerrillas. Esa fue solo una excusa. El destierro permitió que empresarios y paramilitares plantaran palma aceitera, banano, coca, plátano, extrajeran madera, exploraran minas, perforaran pozos petroleros, construyeran obras de infraestructura vial, energética, de telecomunicaciones, extendieran sus hatos ganaderos.

Ellas y ellos, expulsados, volvieron a cuenta de su dignidad y están resistiendo a la guerra empresarial sobre sus codiciadas tierras, ubicadas en lugares estratégicos para sus pretensiones económicas que coinciden con recomendaciones del Banco Mundial de hacer “inversiones seguras” luego de las crisis financiera y de alimentos. Palmo a palmo se pelean la tierra que les pertenece, mas permanece ocupada por empresarios que gozan del hipócrita beneplácito del gobierno y apuestan porque esas áreas se sumen a las acaparadas en otros países de América Latina, de África, Asia y hasta en la misma Europa y Norte América. “Aveces sentimos que nos estamos robando lo que es nuestro” -han dicho-.

Han andado los caminos que la justicia jurídica les permite y todo lo han conseguido formalmente. Son los dueños de derechos de papel en resoluciones, sentencias, autos y decretos, más no de la decisión estatal que les garantice el uso, goce, disfrute, sobre la base de la autodeterminación como pueblos, de los territorios que les pertenecen. Fue su decisión regresar en zonas humanitarias, recuperar la tierra en formas de zonas de biodiversidad, resguardos humanitarios ambientales, zonas de encuentros, zonas de reserva campesina; figuras que les han permitido visibilidad, ante un régimen de terror que los considera guerrilleros.

Dignidad en acción

Debieron erradicar las plantaciones de palma aceitera, de plátano de Unibán y Banacol, empresas transnacionales, vinculadas a Chiquita Brands, implicadas en paramilitarismo, exportadoras a Europa, Estados Unidos y Canadá. También derribar corralejas en las que cuidan los ganados los empresarios,adelantar autónomamente consultas populares para pronunciarse en contra de exploraciones mineras u obras de infraestructura vial y hasta desalojar a los ocupantes de mala fe, a fuerza de su inmensa dignidad contra el miedo a perder su vida biológica.

Los empresarios siguen al acecho, les invaden, les destruyen cosechas, les amenazan y les asesinan como han atestiguado en los estrados judiciales de la precaria justicia colombiana. Muchas y muchos reclamantes de tierras ya no están físicamente. Alumbran como antorchas, desde las casas de la memoria y los monumentos, sus dichos, palabras y acciones. La niebla de la impunidad jurídica la dispersan resistiendo al olvido y esperando que el escenario de diálogos para la paz pueda ser la oportunidad de dar el paso de lo local a las alternativas nacionales, en coordinación con el conjunto del movimiento social del país.

En la guerra

Afirman sus derechos, en medio también de la guerra cercana entre las guerrillas y el Estado. Han asistido a los insuficientes espacios habilitados para la participación de las organizaciones sociales en las conversaciones para la paz y enviado cartas a los delegados del gobierno y de las guerrillas. Las Farc han compilado sus propuestas, además de las de otras expresiones del movimiento social y las ha circulado en internet, más el gobierno nada ha dicho sobre los requerimientos de las comunidades. Han insistido en que se decrete un cese a las hostilidades, más el gobierno está convencido que cuantos más muertos les produzca a la insurgencia, más logros tendrá en unos diálogos de los que quiere sacar una paz barata. Han abogado por que se inicien diálogos con el ELN, más el gobierno, seguramente, espera el momento de mayor rentabilidad política para anunciarlos, quieren participar en el espacio para las víctimas que se abra en la mesa de conversaciones de La Habana, más el gobierno guarda silencio ante su exigencia.

Ellas y ellos se han articulado en - Conpaz -Comunidades Construyendo paz en los Territorios- y desde el 2000, en el Cacarica, Frontera con Panamá, conocieron por boca de Enrique Núñez, de la Comisión Ética contra la Tortura de Chile, que la justicia va muchísimo más allá de lo jurídico y contribuyeron a la construcción de la Comisión Ética Internacional, que con 25 delegados/as de varios países del mundo han escuchado sus relatos, visitado los lugares del horror, acompañado la sustitución de palma aceitera por plantaciones de alimentos y viviendas, acompañado acciones de dignificación frente abases militares impuestas en sus territorios, recogido pruebas que salvaguardan en los países de los comisionados.

Deseos y propuestas

Desde la Comisión Ética han construido las bases para proponer una Comisión de la Verdad que encontraría una coyuntura favorable, en caso de llegarse a acuerdos entre el gobierno y las Frac en la Habana o en el escenario que se pacte con el ELN. Hay una verdad independiente, que surge de las víctimas. Hay propuestas creativas para aportar al conocimiento de la verdad en casos distintos a los propios. Tienen comprensiones propias de lo que para ellas y ellos debe ser la justicia, la reparación integral y la garantías de no repetición que muy poco se escuchan.

Sus gotas de tragedia, de resistencia y esperanza quieren sumarse a la de los 6 millones de desplazados internos, que hacen de Colombia el país con mayor desplazamiento forzado interno del mundo. O a las sin tierra en un país en el que el 0.4 de la población posee el 62% de la tierra y unirse al total de las víctimas de la injusticia socioeconómica en una Colombia convertida en la nación más desigual del mundo.

Sueñan en que los cerca de 22 mil millones de dólares invertidos en guerra que destacan a Colombia como el 10o país del mundo con presupuesto militar más alto, tengan otra destinación. Sueñan con que el oficio de las y los jóvenes deje de ser la guerra, pues en la actualidad, las fuerzas militares ocupan el puesto 17 dentro de las mas grandes de todo el planeta. Desean que haya inversión en universidades campesinas, educación propia en primaria y secundaria, ciudadelas escolares, Aldeas ambientales de paz, planes de ordenamiento territorial alternativo, proyectos productivos que garanticen la reactivación de la economía campesina, obras de infraestructura campesina, mercados agrarios que liberen del riesgo de la distribución a los productores, monumentos, libros, discos que posibiliten la reparación moral por la afectación a su conciencia comunitaria afectada por las operaciones militares y paramilitares que han padecido.

Doctrina Para Militar

El paramilitarismo, lo han experimentado, existe porque los beneficiarios de sus acciones criminales, desde poderosos grupos económicos, lo reproducen desde el Estado y cuenta con toda una doctrina militar que lo sustenta. Se han efectuado actos formales de desmovilización que no han hecho más que reciclarlos. Cambian sus figuras, más la estructura sigue intacta amenazando, asesinando, en lugares de altísima militarización estatal. Mientras persista la gallina de los huevos descompuestos, siempre estarán presentes de diversas maneras. Estos determinadores campean libremente en la política, en la economía, en los medios masivos de información, comercializan productos colombianos con todo el mundo, financian campañas electorales, posan como personas de bien y sus proyectos, también han gozado de la financiación del mismo Estado.

La doctrina militar sigue afirmando que existen enemigos internos. En la larga historia de violencia, los enemigos del Estado, de los que habla dicha doctrina, son las y los campesinos, obreros, mujeres y hombres de iglesia, estudiantes, indígenas, afrodescendientes, quienes asumen opciones sexuales distintas a la heterosexual, en general, quienes afirman sus derechos.

Con profundos efectos en el alma, en el corazón, la doctrina anti-liberal y anti-comunista promovida, fundamentalmente, por sectores católicos, y que ha motivado el odio visceral a quienes encarnan estos movimientos con resultados fatales en vidas humanas, hace parte de la cadena de muerte y exterminio que aún ata a Colombia. Aún sigue sin exhumarse esta dolora verdad. La institucionalidad católica sigue en deuda de un acto sincero perdón.

Las comunidades que han padecido los efectos de las distintas violencias en nuestro país, esperaran que como un aporte a la paz, se contribuya a la toma de conciencia del daño causado a la conciencia moral por agentes de la iglesia católica que han motivado y participado de modo directo en el exterminio de mujeres y hombres con pensamientos alternativos. Es deseable, por necesaria, una campaña en los medios de información, en escuelas, colegios, universidades y parroquias, en la que se reconozca dicha responsabilidad y se asuma el compromiso de impedir que cualquier expresión de amenaza a las y los otros por pensar diferente, tome vuelo.

Siempre los ancestros

Y en el fondo los ancestros. Las madres, padres, abuelas, abuelos, amigas y amigos que ya no están porque fueron asesinadas, asesinados, desaparecidos/as y se siente su presencia. Siendo fuente de espiritualidad, memoria recreada, pasado presente, fundamento de un futuro que hala desde el infinito e invita a persistir creativamente por su tierra, por su vida, por su dignidad, por sus hijas e hijos, por el país, por el planeta.

Son conscientes de la fuerza que da razón a sus luchas, a la búsqueda de un mejor vivir y se han sumado a quienes articulan la fe y la política desde el macroecumenismo yendo más allá de lo cristiano, de lo interreligioso y también de los límites de lo local. Yomaira, por ejemplo, cuenta que aprendió a cargarse de fortaleza apartándose todo un día hasta la espesa selva de su cuenca, donde respira, escucha, toca, siente a la madre tierra y sale fortalecida a afrontar el miedos de las amenazas. Los Embera y Nonan, también, son de agua, viento, montaña sagrada, unas y unos con la multitud de vidas del territorio. Por eso cantan como propia la canción de Calle 13 “Latinoamérica” y dan fuerza indígena, afrodescendientes y mestiza a “ esta tierra no se vende”.

Son ancestros reconocidos Jaime Pardo Leal, Camilo Torres, José Antequera, Marino López, Juana Bautista, Yolanda Cerón, Félix Manco, María Lucero Henao, Irma Ariza, Javier Montoya, Teresita Ramírez, Tiberio Fernández, Hortencia Tunja, Eduardo Umaña, René García, Cecilia Gonzales, Josué Giraldo, tantas y tantos que de manera genuina entregaron sus vidas por la construcción de una sociedad más justa.

Son ancestros con fuerza espiritual con la conciencia de que rompen los prototipos de éxito impuesto por los medios masivos de información. Creen en esa esperanza que se anima por la fuerza de la dignidad, de la articulación de procesos, de la presencia solidaria, del autoreconocimiento como sujetos, de la exigencia de derechos, de la movilización social, de los logros de otros pueblos hermanos donde se muestra, que sí es posible la construcción de sociedades más justas -aunque no faltan dificultades-, de la obstrucción a la pretendida omnipresencia del mercado mafioso de vida humanas y de bienes. Ellos y ellas hablan, animan, interpelan, reprenden.

De Camilo Torres, por ejemplo, resuenan invitaciones a la organización social articulada desde la base, aquel “Insistamos en lo que nos une y prescindamos de lo que nos separa...Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto, tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase... Yo creo que lo que nos ha perjudicado en los movimientos políticos es que siempre hemos partido de arriba hacia abajo y mi aspiración es que ahora partamos de abajo hacia arriba comenzando a organizar la base como ella quiera organizarse...Para los que conocen íntimamente a nuestra gente la frase de Gaitán de que "en Colombia el pueblo es superior a sus dirigentes(...) no es una frase demagógica sino absolutamente real...Hay que actuar (...)la clase popular colombiana ha ido renunciando al lenguaje y ya no entiende sino el de los hechos(...) Esto es lo primero que debemos hacer distinto de lo que hacen las clases dirigentes a las mayorías porque nosotros creemos que tenemos que ser revolucionarios y cambiar este sistema de estar imponiendo cosas de arriba hacia abajo(...) Debemos saber que cuando vamos a la base de nuestro pueblo es mucho más para aprender que para enseñar”.

Traza su sueño de la política invitando con sincera autocrítica a evitar los"protagonismos personalistas", a superar la "palabrería izquierdista que es casi tan fatua como la de nuestra clase dirigente". Cuestiona a quienes "desconfían en los valores del pueblo", y a quienes "adolecen de un paternalismo práctico" y experimentan un "desprecio implícito a las masas", "se atacan entre sí" por asuntos intrascendentes produciendo "desconcierto en la clase popular y representan en forma más fiel, los criterios tradicionales, sentimentales, especulativos y de colonialismo ideológico".

Son portadores de los sueños que circulan desde las y los sujetos de dignidad, que trascienden al grupo, que se reflejan en las regiones, llegan al país y circulan por el mundo, aquellos de las comunidades que afirman sus derechos, que construyen una paz esquiva desde los territorios.

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

 
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