Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Jueves, noviembre 24 de 2016
 

Medios

Del plebiscito al paro cívico popular y la constituyente de la paz

Horacio Duque

Domingo 23 de octubre de 2016

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En la exploración de alternativas para destrabar el proceso de paz con las Farc, resulta conveniente formularse algunas preguntas con el propósito de establecer escenarios que nos coloquen en la ruta de la terminación definitiva y cierta del conflicto social y armado nacional.

La paz con justicia social y democracia ampliada ha conquistado importantes avances en la sociedad colombiana. El texto del Acuerdo de paz, el Cese bilateral del fuego y hostilidades, el apoyo internacional y la apertura de las negociaciones con el ELN, son trascendentales aportes para el fin de la guerra, que la derrota del Si el pasado 2 de octubre, no puede sepultar. La movilizacion social, incluido paros regionales y un Paro cìvico nacional, son recursos imprescindibles en la batalla contra el sabotaje de la ultraderecha.

En igual sentido debe entenderse la Constituyente de la paz que se ha planteado como salida extraordinaria al traspié de la paz con el Plebiscito santista.

Hay que cavar las trincheras en la sociedad civil en desarrollo de la guerra de posiciones que nos ha traído la transición política.

Planteamiento del problema.

En la exploración de alternativas para destrabar el proceso de paz con las Farc, resulta conveniente formularse algunas preguntas con el propósito de establecer escenarios que nos coloquen en la ruta de la terminación definitiva y cierta del conflicto social y armado nacional.

Naturalmente la indagación debe focalizarse en los dos tópicos de mayor trascendencia y peso.

Las preguntas.

¿Por qué falló el plebiscito como instrumento de refrendación del Acuerdo de paz de Cartagena? ¿Qué objetivos políticos no explícitos se proponía alcanzar el señor Santos con su procedimiento unilateral? ¿Qué mensajes envía el triunfo del No en las votaciones del 2 de octubre? ¿Se equivocó la delegación de la guerrilla de las Farc al aceptarlo por la vía de asumir sin objeciones la Sentencia C-379-16 emitida por la Corte Constitucional? ¿Implica el triunfo del No la superación del conflicto intraelite entre Santos y Uribe para dar curso al viejo esquema consociacional cristalizado en gobiernos de Frente Nacional y republicanos? ¿Es la derrota del Si en el plebiscito una alerta temprana para las Farc respecto de lo que pueda ocurrir con la ejecución e implementación de los puntos del Pacto de paz y en relación con la fragilidad de los mecanismos de protección jurídica y constitucional de los mismos? ¿Es el traspié del 2 de octubre una clara advertencia sobre el magro soporte político de la paz de La Habana, hecha la consideración de su limitado alcance en temas neurálgicos para el bienestar social como la continuidad del modelo neoliberal, el extractivismo minero, la agroindustria contra campesina y las libertades democráticas?

Malogrado el plebiscito por el acontecimiento histórico del 2 de octubre, el punto obligado de referencia para seguir buscando la refrendación de la paz, obviamente debe ser la otra fórmula planteada en el seno de La Mesa por los representantes de las Farc. Se trata de una Constituyente popular, amplia, representativa y soberana. Un cuerpo que incorpore y articule la movilización social, popular y democrática.

Aquí los interrogantes bien podrían tener el siguiente sentido: ¿Coincide la Constituyente de la paz con los códigos y textos del Acuerdo de Cartagena? ¿Es la misma un salto al vacío? ¿Es la Constituyente el eje de los debates que se abrirán en la Mesa de diálogos con ocasión de las presiones y desafíos de los enemigos ultraderechistas del Acuerdo de paz para destruirlo e impulsar una contra reforma política, económica, cultural y social? De acordarse una Constituyente ¿Cuál sería el sistema electoral y las acciones afirmativas correspondientes para escoger sus integrantes? ¿Cuánto tiempo durarían sus deliberaciones?

La caída del plebiscito santista.

Un sistema electoral corrupto y tramposo.

No es cierto que se pretenda desconocer el resultado mismo de las votaciones del 2 de octubre. Las cifras están allí y el No se impuso al Si, por un número equivalente a los 54 mil votos. Por supuesto, también están otros datos no menos dramáticos y síntoma de una evidente crisis del régimen político y su anacrónico sistema electoral. Me refiero a la abstención, cercana en este caso, al 63% del padrón electoral.

Por momentos no parece suficiente decirlo. Sin embargo, una idea como la de la paz y la solución política de la guerra, estaba prácticamente condenada a perecer en las aguas turbias del mercado electoral tradicional, dominado por los caporales y tenientes de la politiquería tradicional, adictos a la compra venta de votos, al uso del engaño y la presión violenta para inducir el comportamiento electoral del ciudadano, pues como lo dice Ronderos (ver http://bit.ly/2eCr4W0), “el sistema electoral colombiano está diseñado para que la mayor cantidad de gente no pueda votar. No hay voto adelantado por correo; es necesario registrarse para votar con meses de anticipación; y, si viene un huracán, como, de hecho, sucedió el día del plebiscito en el Caribe colombiano, no se extiende el restringidísimo horario de votación”.

“La lógica tradicional, dice, es que mientras menos gente vote, más van a pesar los votos amarrados de los políticos. Pero cuando su poder no es el que está en juego, no mueven la máquina de votos comprados, intercambiados por favores o impuestos por miedo. Menos aún esta vez, cuando el acuerdo firmado en La Habana hablaba de reforma electoral, garantías políticas reales a la oposición; de parar, de una vez por todas, la violencia como arma de la política”.

“Es muy difícil, señala, pedirle a una máquina programada para la trampa que juegue limpio”.

Con el plebiscito, el Acuerdo de Paz quedó atrapado en ese mismo sistema excluyente de máquinas clientelares y elecciones restringidas.

No obstante que todas las encuestas daban un amplio margen al SI y el triunfalismo oficialista de La Mesa de diálogos, daba por hecho la derrota apabullante del No, liderado por el expresidente Uribe Vélez, en las delirantes previsiones se desconoció olímpicamente, "que lo que se ha tenido en el país es una democracia representativa contramayoritaria, que ha implicado, entre otras cosas, un alto nivel de abstencionismo, una cultura política construida por los medios y por las redes sociales, la confianza de los ciudadanos en "gerentes" para administrar lo público, y un ejercicio de la política en el que partidos no promueven la participación, no se preocupan por la gente que no vota, sino que aspiran a obtener la cantidad de votos requeridos para acceder a sus representaciones, en una carrera política en la que aplican la competencia propia del sistema económico neoliberal, como bien lo recuerda Ordoñez, al igual que ocultan y tergiversan" (ver http://bit.ly/2dRQe0K).

Los juegos de un tahúr.

Pero en una lectura de mayo alcance sobre el plebiscito hay que referirse a sus antecedentes inmediatos. Ese mecanismo de refrendación fue promovido, de manera unilateral por el señor Santos, para lo cual su delegado jefe en la Mesa, derrocho retorica con el fin de justificar su utilización y reforma, mediante ajustes a la ley 134 de 1994 sobre Mecanismos de participación ciudadana. La intención implícita, dentro del clásico juego de un tahúr, era diezmar políticamente a la contraparte con un resultado favorable que sería utilizado con el fin de doblegar y descalificar la plataforma programática de la insurgencia y su prolongada resistencia armada. Pero, todo resulto al revés, y Santos termino pegándose un tiro en el pie, afectando aún más su credibilidad, legitimidad y capacidad de maniobra en la gobernanza.

Con razón Londoño en su entrevista con Caracol, afirmaba que en medio de todo, la derrota del Si no era una noticia tan mala. El triunfo del No aterrizo a todo mundo, sacandolo de la euforia y bipolaridad, y se convirtió en una advertencia temprana para los defensores de la paz, así como ocurrió en la primera ronda electoral del 2014.

El sabotaje contrainsurgente de la ultraderecha.

El apretado triunfo de los enemigos de la paz envía un mensaje contundente en el sentido de la enorme resistencia que realizará la ultraderecha para impedir la construcción de la paz. Esto no parara, alcanzara nuevos niveles de sabotaje y bloqueo, como suele ocurrir con cualquier proceso de cambio, por mínimo que sea.

Los errores cometidos.

Vista hoy las cosas de manera más ponderada, no fue un acierto haberse acogido apresuradamente a la Sentencia C-379-16 de la Corte Constitucional sobre la Ley del Plebiscito, cediendo a los afanes y el asedio de Santos y sus delegados concentrados en el Nobel y la Secretaria General de la ONU para el Jefe de la Casa de Nariño.

Más conviene un examen autocritico que eludir alguna carga de responsabilidad política en el bache del 2 de octubre.

¿Resucitaran el Frente Nacional?

Lo digo por los desarrollos que vienen presentándose en el post plebiscito, como un eventual regreso al esquema bipartidista de gobierno, en que las facciones de las elites zanjan sus diferencias y proyectan esquemas compartidos de gestión gubernamental, a la manera como ocurrió con el Frente Nacional, desaprovechando de tal manera el potencial de las estructuras de oportunidad política dibujadas por la intensa pugna entre el santismo y el uribismo, registrada en los años recientes a propósito de la caracterización del conflicto social y armado.

Los peligros del fetichismo jurídico y constitucional.

El triunfo de la ultraderecha en el plebiscito es, obviamente, una alerta temprana sobre lo que puede ocurrir con la implementación de los consensos de paz. Nada está asegurado. Ningún fetichismo jurídico o constitucional sirve de formula milagrosa. Es tanto como decirse mentiras, engañarse y propiciar la defraudación crónica e inveterada de las elites dominantes.

Es la potencia de la acción de masas, es la contundencia de la multitud y una adecuada correlación de fuerzas el único seguro de la cristalización de los pactos de paz.

El escaso apoyo popular a la paz.

En ese sentido, es válida la preocupación y observación sobre el raquitico respaldo popular a los Acuerdos de paz, que José Mujica, ex presidente de Uruguay, ha resaltado en una reciente comunicación a Santos. Él dice que la clase trabajadora se margino de la paz, que el pueblo desatendió la convocatoria a una paz neoliberal y politiquera como la de Santos.

Quien queda mal parada en todas estas proyecciones es cierta izquierda prepotente y clientelar, que anunciaba millones de votos por el Si (nos regalaron de entrada mas de 12 millones) y la sepultura definitiva del uribismo.

Es innegable, como lo observa Prada (Ver http://bit.ly/2eoOpax ) que, “el Acuerdo de Paz entre las FARC y el gobierno colombiano, firmado en la Habana, es esta luz al final del túnel. Un acuerdo, difícil de lograrlo; empero, logrado al fin. Aunque sea solo eso, acuerdo; documento firmado por ambas partes y los garantes. Esto, ciertamente, no es la paz; sin embargo, es un compromiso para desplegar las voluntades encontradas para alcanzar la paz, poniendo las partes todo lo que se pueda para lograrlo. Sabemos, que esto no basta; como dice el refrán popular: el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones”.

Y agrega, “lo que ocurra no depende del documento firmado, de los acuerdos logrados, incluso de las voluntades puestas, aunque sea al inicio”.

“Lo que ocurra o pueda ocurrir, señala Prada, depende de lo que haga el conjunto de la sociedad, el conjunto del pueblo, de la acumulación de voluntades singulares, puestas en escena; así como de sus prácticas desplegadas, de las fuerzas desenvueltas y, obviamente, de las correlaciones de los campos de fuerzas. Depende del pueblo, en pleno ejercicio de sus libertades y haciendo respetar sus derechos, ejerciendo la democracia, el que se cumpla con el acuerdo logrado; haciendo, además, que este acuerdo se efectivice, realizando la oportunidad histórica-política aprovechada”.

“Diremos, afirma, de la manera más abierta, ni optimista, ni pesimista, que el pueblo colombiano gana la oportunidad y la posibilidad de resolver los problemas candentes, que han arrastrado a una guerra que parece interminable”.

“De todas maneras, observa, la firma del Acuerdo de Paz ya es un desenlace del largo conflicto. Se puede decir, por lo menos, como conclusión provisional, que si un Estado-nación, concretamente su forma expresa y gubernamental, el gobierno, el Congreso, el poder judicial, se ven empujados a dialogar y, después, firmar con el que consideraron, durante tanto tiempo, el enemigo, es que, primero, constata que no puede vencer la guerra. Lo que ya es, de por sí, una cierta victoria de la guerrilla. Esto significa, por lo menos, que la correlación de fuerzas parece equilibrada. Se ha llegado a un punto de estancamiento”.

“En segundo lugar, el contenido del Acuerdo de Paz toca tópicos y temas estratégicos, que no solamente se refieren a la conclusión del conflicto, a las condiciones estrictas de paz, en el sentido restringido, sino a las condiciones de posibilidad de una paz duradera, para decirlo sencillamente”.

“Por otra parte, en el Acuerdo de Paz, no ha participado directamente el pueblo colombiano. Falta entonces, sin que el pueblo, por lo menos, en mayoría, esté en desacuerdo con el Acuerdo de Paz, que el pueblo y la sociedad colombiana participen plenamente en la construcción colectiva de la paz. Participen con su pluralidad, con sus multiplicidades, con sus territorialidades, con sus singularidades, dándole dinámica a una construcción de la paz, que se debe dar en la pluralidad de los planos y espesores de intensidad de la formación social-territorial-cultural integral”. “Que sea una paz en los distintos planos y espesores de intensidad, construida como estética y fenomenología de la potencia social” (http://bit.ly/2eoOpax ).

Trascender los límites de la movilización pasiva y organizar el Paro cívico popular y nacional.

Pero esa participación popular debe salirse del lecho de procusto santista de movilizaciones conducidas por las oficinas públicas.

La movilización social debe agotar todas las formas y expresiones de la resistencia subalterna.

Manifestaciones, plantones, bloqueos de vías, huelgas, marchas y un gran PARO CIVICO nacional que sea la síntesis de paros regionales y territoriales, en los que se vean involucradas, en primer lugar, aquellas áreas afectadas por la violencia contrainsurgente/paramilitar como el Cauca, Catatumbo, Caquetá, Bajo cauca Antioqueño, Centro del Valle, Choco, Sur de Bolivar, Putumayo, Meta, Arauca y Bogotá.

Se trata de desplegar la contundencia de la potencia social para imponer, por una vía extraordinaria, el contenido de los Pactos de paz, llegando hasta una Asamblea Constituyente soberana, amplia y representativa, en la que se consoliden los avances alcanzados en la Mesa de Conversaciones de La Habana, “pues las vías puramente jurídicas o parlamentarias serían ultra-vulnerables, pues sufrirían de un déficit crónico de legitimidad, según lo observa Sanín, quien considera que las propuestas de ajuste de los partidarios del No, aunque variadas, son muy problemáticas. El uribismo tiene su propia agenda, basada en la desestabilización y en la vuelta al poder. Sus lacónicas demandas atacan la arquitectura fundamental del acuerdo” (Ver http://bit.ly/2dYN1g0 ).

“Es indispensable, nos dice Raul prada, volver a analizar los procesos de la crisis, los procesos que convergen en la explosión social, en la decisión colectiva del pueblo sometido a luchar y liberarse de la dominación” (Ver http://bit.ly/2eoPkrF )

¿Un Cuerpo colegiado o Congresito?.

Es por tal razón que propone “convocar lo más pronto posible a un Cuerpo colegiado, una suerte de Congresito, para que delibere y decida sobre los acuerdos de paz. Un cuerpo colegiado que discuta y apruebe (o rechace) un texto final del Acuerdo, quizás con elementos adicionales que justifiquen la nueva convocatoria. Ventajas: plena legitimidad democrática, pluralismo, múltiples voces” (Ver http://bit.ly/2dYN1g0 ).

Agrega que, “como escuchar al país es quizás la demanda fundamental del Eln, se podría tener al menos expectativas razonables de que entrara en el proceso. Y éste sería mucho más deliberativo que un plebiscito. En una elección de esta naturaleza cabrían, y podrían expresarse, todos los matices de opinión del país. Naturalmente, también hay riesgos y costos. Es claro que de esta no vamos a salir gratis. Las partes del acuerdo tendrían que someterlo a un debate abierto.

Pero se preservaría la arquitectura básica de aquel. Una coalición pro-paz tendría buenas oportunidades de salir avante….

“Los partidarios de la paz no podemos olvidar en ningún momento que somos la mitad (mal contada) del país. Y esas elecciones se podrían convocar para abril o mayo del próximo año (Ver http://bit.ly/2dYN1g0 ).

Son ideas que aparecen y conviene considerarlas, aunque tengan cercanía con un atajo inútil, pero sin asumir el rechazo de la Constituyente que debe ser una premisa fundamental, desde nuestro punto de vista.

La preponderancia de la Constituyente como cristalización de la potencia social revolucionaria.

Es que la Constituyente de la paz nos permite ser más claros con las demandas históricas de nuestra sociedad y el alcance de la potencia social.

Ella, a mi juicio no es el tan anunciado salto al vacío. Si su elección es el resultado de un sistema electoral transparente, equitativo, del uso de acciones afirmativas para darle adecuada representación a los combatientes guerrilleros, a los campesinos, indígenas, trabajadores, mujeres, afros, no puede considerarse de antemano como un paso incierto. Por supuesto, tiene sus incertidumbres, obvias en dinámicas democráticas, pero allí la paz con justicia social tiene las mayores posibilidades de consolidarse.

La potencia social.

Pero, el gran desafío para evitar la limitación de la potencia social, consiste en cambiar la forma de operar la rebelión. La forma de operar, que permita la liberación de la potencia y su flujo constante creativo, no corresponde al esquematismo dualista de activo/pasivo. Sino a la posibilidad de asociaciones equivalentes, que logren, en su conexión y empatía, activar las potencias singulares, contenida en los cuerpos. Esta posibilidad parece requerir formas de comunicación social que no sean dualistas, que reproduzcan el esquema de destinador-destinatario, emisor-interlocutor, o la estructura destinador-destinatario-denotación-connotación-codigo-decodificación-referente-mensaje. Sino, ya especulando, formas de comunicaciones plurales, múltiples y simultaneas, que son las que la revolución tecnológica ha instalado con las infraestructuras a disposición de la multitud.

Conclusión.

Vivimos un momento de grandes velocidades y bifurcaciones inesperadas. Solo la potencia social liberada, no canalizada por el mecanismo articulador del clientelismo corruptor, nos puede permitir avanzar de manera efectiva en las rutas de transformación autentica. A eso nos referimos cuando desde estas páginas planteamos la urgencia de promover un gran Paro Cívico Popular y nacional y la convocatoria y realización de una Constituyente de la paz con amplia participación ciudadana.

Es la hora de cavar las trincheras en la sociedad civil para la guerra de posiciones en curso.

Notas

Nota 1. Otra vez fracasa el intento criminal y fascista de bloquear, mediante el vulgar hackeo a Anncol. Les duele la verdad, les duele que la sociedad pueda tener otras miradas alternativas a las lecturas que le gustan al oficialismo santista y la ultraderecha uribista.

Nota 2. El Cese bilateral del fuego y hostilidades ordenado hasta el 31 de diciembre tiene cierto olor a chantaje santista para debilitar la programática de la paz con justicia social. Más sensata la decisión de avanzar con los procesos de pre-concentración en las zonas veredales y con el Mecanismo de Monitoreo tripartito, con presencia efectiva de las Naciones Unidas.

 
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