Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Martes, septiembre 27 de 2016
 

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Campesino, Gustavo Bocanegra es declarado inocente y absuelto del cargo de rebelión

Fernanda Sanchez

Miércoles 23 de julio de 2014

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Después de varios años de persecución por parte de El Ejército y estar en prisión injustamente el campesino Gustavo Bocanegra termina un capítulo de angustia al ser absuelto del cargo de rebelión.

El Juzgado Primero Penal del Circuito de Descongestión de Ibagué absolvió a Gustavo Bocanegra acusado de rebelión y de pertenecer a la red de apoyo, célula subversiva del frente 21 de las Farc, de Cajamarca.

Gustavo Bocanegra es un hombre campesino, desplazado varias veces de su tierra estigmatizado por ser el padre de un guerrillero que siendo sindicalista y acosado por el Ejército optó por vincularse a la guerrilla.

El drama de Gustavo empezó hace varios años. El 19 de abril de 2009 Gustavo Bocanegra fue capturado en Ibagué, por orden del Juzgado Sexto Penal Municipal con función de Control de Garantías, y trasladado a la Cárcel Picaleña de Ibagué.

Allí permaneció detenido cuatro meses hasta que obtuvo su libertad provisional por vencimiento de términos.

A Bocanegra le imputaron el cargo de rebelión. Según el artículo 467 de la Ley 5999 de 2000, modificado por el canon 14 de la Ley 890 de 2004 rebelión es: “Los que mediante el empleo de las armas pretendan derrocar al Gobierno Nacional, o suprimir o modificar el régimen constitucional legal vigente, incurrirán en prisión de noventa y seis (96) a ciento sesenta y dos (162) meses de prisión”,

Gustavo Bocanegra, de 67 años de edad, quien actualmente trabaja como vendedor ambulante para mantener a su familia fue acusado de suministrar información a la guerrilla –que opera en Cajamarca- con el fin de detectar la presencia de la fuerza pública, de servir de guía y correo.

La vida de Gustavo Bocanegra es una historia marcada por el desplazamiento forzado y la estigmatización. Su primer desplazamiento ocurrió en los años 80 cuando militaba en la Unión Patriótica y abandonó Chaparral (Tolima) para sobrevivir al exterminio sistemático de los miembros de ese partido político.

Antes de su captura, y después de ella, Bocanegra fue perseguido por el Ejército debido a la pertenencia de su hijo Gustavo Bocanegra Ortegón a las Farc y cuyos hijos, sus nietos, tiene a su cargo.

Los días 28 y 30 de junio de 2008 Gustavo habló telefónicamente con su hijo y le preguntó si era verdad que por allá habían fiestas. Éste le respondió que por ahí había una pachanguita. (En esas fechas se celebran, cada año, las fiestas de San Juan y San Pedro en el Tolima).

Gustavo sostuvo esas conversaciones con su hijo porque está a cargo de sus nietos, menores de edad, desde que eran muy pequeños. Bocanegra relata que a su finca en Roncesvalles (Tolima) llegaban miembros del ejército a preguntarle por la hora de ordeño.

Él, desconfiado, les decía una hora diferente. Más tarde cuando salía a ordeñar encontraba colillas de cigarrillo en el lugar donde lo habían estado esperando. En una ocasión, recuerda Bocanegra, miembros del ejército lo sacaron de su casa, apuntándole con un fusil, para “conversar”.

Él les pedía que conversaran en su hogar mientras su esposa desesperada gritaba que no se lo llevaran y no se lo llevaron. En otra oportunidad, continúa su relato, lo llevaron a una escuela. Lo hicieron pararse de frente mientras unos ojos, de personas que no podía ver, lo observaban a través de unas rendijas.

Durante las “visitas” del Ejército a su casa, para presionarlo a decir el paradero de su hijo les decían a sus nietos que iban a matar a su padre y les preguntaban dónde estaba.

Gustavo y su esposa les pedían a los miembros del Ejército que no hablaran con los niños para evitar el impacto negativo de estas conversaciones en ellos.

Acosado y temeroso por su vida, Gustavo se desplazó de Roncesvalles (Tolima) a Ibagué y perdió sus cultivos, el ganado que tenía. En el año 2009, tras permanecer en prisión durante cuatro meses se desplazó nuevamente. Esta vez de Ibagué a Facatativá (Cundinamarca) y de allí a otro lugar debido al acoso.

En Octubre de 2013, después de visitar a su madre enferma, miembros del ejército fueron a buscarlo. Un amigo le comentó a Gustavo que lo buscaban para presionarlo a que dijera dónde estaba su hijo, aunque él insiste que no lo sabe. Gustavo le preguntó a su amigo si podría declarar oficialmente, pero él le respondió que sentía miedo.

La estigmatización y la persecución constantes le impidieron a Gustavo Bocanegra asistir al entierro de su madre, quien murió poco después de su visita.

El fallo…

Durante la investigación, la defensa de Gustavo Bocanegra señaló que no existían pruebas para condenarlo y que de una conversación, entre padre e hijo, no puede inferirse que él sea colaborador de la guerrilla.

El abogado de Bocanegra señaló que sobre el acusado aplicaba la presunción de inocencia y no podía establecerse una conducta de rebelión con base en esas dos conversaciones interceptadas, ni mucho menos presumir que el señor Gustavo Bocanegra planeara derrocar el gobierno.

Las conversaciones, agregó la defensa, eran de tipo familiar por cuanto Gustavo es responsable legalmente por sus nietos. Durante la investigación se presentó el testimonio del inspector de Roncesvalles,Julio Moya, testigo de la persecución de Bocanegra por parte del Ejército.

En sus argumentaciones el abogado defensor, dijo irónicamente que Gustavo debería ser juzgado por la guerrilla por impedir que sus nietos hicieran parte de la guerra y no por el Estado.

La jueza, Sandra Milena García, señaló en el fallo que no se probó que el procesado hubiera cometido el delito de rebelión, ni su pertenencia a la red de apoyo, a la célula subversiva del frente XXI de las Farc que operaba en Cajamarca, y por lo tanto lo absolvió de ese cargo.

El fallo, dijo Gustavo mientras movía sus manos y sus piernas, es un alivio. Bocanegra insiste en que no tiene la culpa de que su hijo, después de haber sido sindicalista, haya tomado ese camino.

Gustavo Bocanegra se siente aliviado y agradecido con su defensa. Pero el acoso y los meses de prisión tuvieron un impacto negativo en su vida: perdió amigos, quienes se alejaron por este hecho; un efecto psicológico negativo en sus nietos y la salud desmejorada de su esposa debido al estrés por el acoso y los desplazamientos forzados.

 
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