Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Viernes, diciembre 9 de 2016
 

Psicosocial

Abordajes psicosociales en la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Miércoles 29 de octubre de 2014

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Lo psicosocial en JyP es asumido como la interacción entre lo subjetivo y lo social, lo cual permite comprender los fenómenos humanos en su contexto político, económico, religioso, étnico y cultural, para poder abordarlos lo más adecuadamente posible.
El acompañamiento que realiza JyP se fundamenta en el reconocimiento de las víctimas como sujetos históricos que buscan la transformación de su realidad, y la reconstrucción de sus proyectos de vida mediante acciones determinadas comunitariamente.

1. Cómo comprendemos lo psicosocial:

La Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, JyP, es una organización de acompañamiento integral que tiene su razón de ser en el marco de los derechos humanos, el derecho humanitario, el valor y el respeto a la dignidad humana y a la naturaleza; inspirada en principios humanistas y en los valores del Evangelio.

Acompaña, desde los componentes jurídico, pedagógico, psicosocial, organizativo, agroambiental, comunicativo y permanentemente en terreno, con perspectiva de género a personas y a comunidades campesinas indígenas, afrodescendientes y mestizas, que han sido víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, en medio del conflicto armado interno; las cuales afirman sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación integral y la no repetición, en Putumayo, Cauca, Valle del Cauca, Meta, Antioquia, Chocó, Sucre, Atlántico, Magdalena y Bogotá.

Para JyP, la comprensión de lo psicosocial ha sido dinámica, en constante construcción por los aprendizajes del ejercicio comunitario de acompañamiento a las víctimas, los desafíos permanentes que atraviesan sus realidades y los aportes teóricos de autores, especialmente latinoamericanos, de la Psicología Social y otras ciencias sociales.

Lo psicosocial en JyP es asumido como la interacción entre lo subjetivo y lo social, lo cual permite comprender los fenómenos humanos en su contexto político, económico, religioso, étnico y cultural, para poder abordarlos lo más adecuadamente posible. El acompañamiento que realiza JyP se fundamenta en el reconocimiento de las víctimas como sujetos históricos que buscan la transformación de su realidad, y la reconstrucción de sus proyectos de vida mediante acciones determinadas comunitariamente “en un marco de respeto de los derechos fundamentales y la práctica de los derechos humanos [1].

2. El lugar de la identidad de los acompañados en la comprensión de lo psicosocial

Teniendo en cuenta la interacción entre lo subjetivo y lo social, se reconoce la importancia de la identidad, que “se construye a partir de elementos relacionados con la pertenencia a lo que ellos mismos denominan “comunidad”, articulada por el río y arraigada en un territorio ancestral, que ha adquirido un significado importante para sus vidas y en el que sobreviven alimentariamente con métodos tradicionales [2].

La identidad de las comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas está estrechamente relacionada con el territorio con el que establecen una “relación vital, perceptible en sus relatos, según los cuales el territorio es su madre y es su padre porque de él reciben todos los beneficios. Tienen una mirada del territorio por fuera de lo meramente instrumental en la medida que lo conciben como un todo, como un tejido integral, que no implica solo tierra, sino también vida de seres humanos, red social, organización comunitaria, formas de subsistencia, resolución de conflictos internos, movilidad frente a eventos que atenten contra sus vidas y una relación propia con la biodiversidad. Su territorio es escuela de la vida, que garantiza la perpetuación de la tradición de sus ancestros, sus costumbres y su forma de vivir, los sentidos, rituales, la propiedad comunitaria y la protección ambiental [3].

En el caso de las comunidades urbanas, la identidad se construye a partir de los imaginarios, los roles asumidos, los espacios cotidianos por los que transitan, las relaciones que se establecen entre ellos y ellas, la historia socio-cultural que ha marcado y particularizado sus maneras de interactuar con otros y con el territorio, las construcciones políticas y las relaciones económicas que se desarrollan en sus entornos.

3. Contexto de nuestro quehacer psicosocial:

El quehacer psicosocial de JyP hace parte del acompañamiento integral a comunidades que afirman sus derechos a través de una estrategia no violenta en medio de la confrontación armada entre la insurgencia y las fuerzas del Estado en conjunto con los paramilitares; comunidades que han vivido durante años la dureza de la guerra y han construido maneras de resistir en medio de ella, que conocen la degradación del conflicto como consecuencia de su prolongación indefinida; que son víctimas y testigas de las violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública y de los paramilitares quienes actúan con su colaboración y apoyo en favor de intereses económicos y políticos; y que también son víctimas y testigas de las infracciones al DIH (Derecho Internacional Humanitario) y de las acciones de “la guerra de guerrillas” por parte de la insurgencia en favor de su sostenimiento económico y el “control” del territorio.

Tras su experiencia, las comunidades que acompañamos conocen de primera mano las diferencias en el accionar y las afectaciones generadas por cada uno de los dos actores en el conflicto, por ejemplo, en Jiguamiandó y Curvaradó de 14 desplazamientos forzados 12 son responsabilidad del ejército y los paramilitares, 1 causado por enfrentamientos entre las FARC y el ejército y 1 responsabilidad de las FARC; de 143 asesinatos 136 son responsabilidad de los militares y paramilitares y 7 de la guerrilla de las FARC, como lo reconoce el informe Basta Ya al analizar las masacres perpetradas en el país: “De las 1.982 masacres documentadas por el GMH entre 1980 y 2012, los grupos paramilitares perpetraron 1.166, es decir el 58,9% de ellas. Las guerrillas fueron responsables de 343 y la Fuerza Pública de 158, lo que equivale al 17,3% y 7,9% respectivamente” [4].

El trabajo psicosocial de JyP está ubicado en este contexto de violencia sociopolítica en el que “las violaciones masivas de los derechos humanos y el consecuente destierro forzado como pretensión de desterritorialización, descampenización y nueva esclavitud, oprime a las comunidades, provocando afectaciones integrales en lo personal, lo familiar, lo colectivo, las prácticas sociales y culturales, sus modos de habitación y de ocupación territorial, sus modos de relacionarse con la tierra, los animales, el agua, la cocina, la organización, y con los otros, externos [5].

Con dicha violencia “los militares en complicidad con paramilitares, empresarios, políticos y agentes del Estado, ha promovido la desterritorialización, comprendida como la forma forzada de romper con la relación armónica existente, marcada por espacios de temporalidades extensos entre un grupo humano y el espacio físico –territorio- donde han construido formas de vida en la ancestralidad, tanto en lo material como en el espectro simbólico.” De ese modo, “el daño más profundo e inmaterial que se genera es el de la propia identidad, una sensibilidad, un pensamiento, un modo de existir y de ser, en tanto que los ataques masivos y sistemáticos contra la vida y la integridad física de estos pobladores les ha obligado a cambiar la forma como solían movilizarse en el territorio [6].

En sus narraciones “las personas manifiestan que las dificultades que se encuentran en sus comunidades, se derivan de los temores y miedos que ha dejado la violencia representada en los desplazamientos y las amenazas que han vivido, así como la continuidad de la guerra y la impunidad de los crímenes, lo cual afecta sus procesos organizativos” [7] y sus proyectos de vida personales, familiares y sociales. Así mismo, identifican los responsables directos, indirectos, beneficiarios y cómplices de la violencia vivida.

4. Ante la lógica de la violencia sociopolítica, acciones de resistencia civil.

Las estrategias de violencia empleadas por militares, paramilitares, empresarios, políticos y agentes del Estado en contra de las comunidades, se han expresado a través de múltiples acciones: amenazas, asesinatos, desapariciones, abusos sexuales, torturas, asaltos, destrucción de sus siembras de pan coger, restricción de alimentos, desplazamientos forzados, estigmatizaciones, falsas acusaciones, provocaciones para que actúen con violencia, entre otras, con la intención de generar confusión, temor, rupturas en el tejido social, represión, y así, facilitar la apropiación ilegal del territorio.

Dichas acciones violentas en contra de las comunidades se pueden enmarcar en lo que Martín-Baró (2000) ha denominado como “guerra psicológica” la cual busca acabar con la autonomía de los sujetos, con su capacidad de oposición, y no dejar campo alguno para su libertad, sus opiniones, opciones, y proyectos políticos alternativos y sociales [8]. Es una guerra al servicio de una ideología y se nutre de ella para mantener un sistema social, político y económico en el cual unos pocos beneficiarios viven, gracias a la opresión que ejercen sobre las mayorías a través del control psicológico de la sociedad, la manipulación mediática y el soporte de la militarización de la sociedad.

La instauración de la lógica militar en la sociedad ha generado un pensamiento afín o a favor de los grupos de poder en la mayoría de sus ciudadanos y en el estamento militar, que asume un sentimiento de superioridad respecto a los “civiles” y de negación de derechos a los “enemigos”, enmarcado en la convicción de estar haciendo lo correcto, lo bueno y “ser los héroes” lo cual les permite hacer lo que hacen (asesinar, torturar, masacrar, engañar) sin sentir o expresar culpa alguna [9].

Esta autocomprensión de lo militar dirigida en contra las comunidades, es el resultado de un proceso diseñado detalladamente con el aporte de diversas ciencias humanas, especialmente de la Psicología, en la preparación y formación de los militares, como lo hace la Escuela de las Américas [10], y en el desarrollo de investigaciones para la elaboración de mecanismos de destrucción y degradación, como las realizadas por Ewen Cameron y la CIA, para perfeccionar las técnicas de tortura [11]. El ex agente de la CIA Mike Battles lo expresa muy bien, al referirse al caos posterior a la invasión de Irak: “Para nosotros el miedo y el desorden representaban una verdadera promesa” [12]. El objetivo de esta guerra es la degradación de aquél que es considerado como “enemigo” a través del miedo, el terror, la destrucción y el sentimiento de inferioridad.

Es la Psicología al servicio del poder político y económico nacional y mundial mediante el uso de la violencia, pisoteando los principios básicos de humanidad. “El manual de PSYOP (Psychological opererations de la Escuela de las Américas) del ejército señala cinco objetivos generales de las Operaciones Psicológicas: apoyar el sistema político de los EE.UU. y de sus aliados; atacar la legitimidad y credibilidad del enemigo; publicitar las reformas y programas de la victoria militar, y ganar lealtad del enemigo o inducirlo a rendirse (Secretary of the Army, 1993)” [13].

Las comunidades que acompañamos y han sido víctimas de esta guerra psicológica, desde sus realidades concretas han tomado decisiones vitales y trascendentes: “preferimos morir dignamente, de pie luchando por nuestras tierras a morirnos de hambre y de tristeza allá afuera” [14] así mismo, han asumido la construcción de comunidad como “la posibilidad de afrontar el miedo, de elaborar el duelo, de resignificar nuestra dignidad […] permite valorar las relaciones entre todas y todos, las búsquedas comunes por la vida en la memoria, la salud integral como un derecho ante las afectaciones de la violencia sociopolítica, el apoyo mutuo entre comunidades, el intercambio de ungüentos medicinales y productos de la región para la protección de la salud” [15] elementos que promueven el fortalecimiento de sus procesos de resistencia y dignificación.

Este proceso les ha llevado a diseñar diversos mecanismos para la protección de sus vidas y sus territorios, entre los que se encuentran: Zonas Humanitarias y de Biodiversidad, Zonas de Refugio, Espacios Temporales Humanitarios, Zonas Especiales de Encuentro y Autonomía, Resguardos Humanitarios y Ambientales, donde de manera creativa hacen uso del principio humanitario de la distinción de la población civil en medio del conflicto armado, afirmando sus formas de organización tradicional, reconocidas por la ley, como los resguardos para los pueblos indígenas, los consejos comunitarios para los afrodescendientes y las Zonas de Reserva Campesina para colonos y mestizos.

5. El rol y las estrategias de acompañamiento psicosocial.

El acompañamiento psicosocial se ha enmarcado en la comprensión de las múltiples afectaciones generadas por la violencia sociopolítica y la guerra psicológica contra las comunidades, así como desde el reconocimiento de sus recursos y potencialidades, en tanto se considera que “un daño socialmente causado sólo puede ser socialmente reparado” y en ese sentido, los dilemas que atraviesan “requieren de una reconstrucción social de su vida y la de su propia comunidad, desgarradas por la represión y la guerra” (Martín-Baró, 2000, p. 171) [16].

El rol del acompañamiento es la dinamización de los procesos que las comunidades han ido construyendo para hacerle frente a las situaciones que viven cotidianamente, al ritmo de sus prospectivas vitales; configurando como objetivo transversal el fortalecimiento de los procesos de formación, participación y la visibilización de la reflexión entre mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes y adultos mayores, frente a la situación de sus comunidades, para la puesta en práctica de acciones concretas de afirmación de sus derechos, que van transformando sus realidades. Desde la práctica se han diseñado diversas estrategias de abordaje psicosocial, entre ellas:
La generación de claridades en torno al por qué, el para qué, quiénes y cómo de lo ocurrido , mediante la reconstrucción de los hechos desde diferentes voces y desde las investigaciones que se han adelantado en torno a los casos de violaciones a los derechos humanos en estas comunidades, en tanto se reconoce que la confusión se constituye como una estrategia de guerra, que impide que las personas se posicionen ante la situación de riesgo, al generar desorientación, desconfianza y la sensación de que no se cuenta con los recursos necesarios a nivel personal y material, para afrontar la situación. Este proceso permite reducir la incertidumbre y ayudar a las víctimas a acceder a los recursos que tienen para la compresión de las situaciones y el posicionamiento ante la realidad que se devela de estas claridades.

Reconstrucción de la memoria: una memoria que no se basa solamente en la violencia, en la tortura, el asesinato, la desaparición, el desplazamiento, etc., sino que expresa como era un antes, cómo ese antes fue afectado por el ejercicio de la violencia sociopolítica, y particularmente como la gente sigue afirmando su derecho a sus proyectos y los redefine ante las nuevas condiciones políticas y económicas que se viven en cada región; no es un ejercicio que simplemente recoge un relato histórico, sino que fundamentalmente busca que el relato histórico permita afirmar lo que hoy esos sujetos y sujetas están soñando y construyendo. Es una reconstrucción de memoria intergeneracional, que incluye a los niños, niñas, jóvenes, mujeres, y hombres [17]. Una memoria que reconoce y recrea sus saberes populares, rituales, cosmovisiones, costumbres y los juegos que han determinado su manera de relacionarse entre sí, con el territorio y con todo lo que en él habita para enfrentar el presente y construir su futuro.

Visibilización de recursos comunitarios: junto a la comunidad se reconocen los recursos culturales y saberes que les han permitido hacerle frente a experiencias de violencia sociopolítica. Fortaleciendo sus procesos organizativos, construyendo dinámicas de corresponsabilidad y maneras creativas de expresarse de acuerdo a su identidad, lenguaje y experiencias vitales sirviendo al empoderamiento sociopolítico en la exigencia de sus derechos ante los actores armados y no armados responsables de las violaciones en sus territorios.

Acciones de dignificación: son acciones no violentas que surgen de la verdad y las convicciones de las comunidades, con la intención de reconstruir sus vidas y sus territorios, desde su identidad, en oposición a la muerte y la destrucción causada por la guerra. Algunas de estas acciones son: cortar la palma que fue sembrada en sus tierras en contra de su voluntad, para sembrar pan coger [18]; tumbar la corraleja donde el ganado tiene mejor calidad de vida que las personas, para hacer una Zona Humanitaria; desalojar a los empresarios y tumbar la “mayoría” (la casa principal de la finca) construida por la “casa Castaño” [19]; construir una casa de la memoria donde asesinaron a un líder de la comunidad; hacer una Zona Humanitaria en honor a una persona asesinada. Estas acciones ayudan a dar pasos en la elaboración de afectaciones al derribar los símbolos de las vulneraciones de las que fueron víctimas y empoderan personas y comunidades en sus derechos sobre su territorio.

Externalización del problema: es una práctica comunitaria frecuente que permite que los sujetos relaten aquello que les genera malestar, los hechos violentos vividos, y los sentimientos que los rodean, a través de diversas herramientas como poemas, canciones, símbolos, y ritos. Esta estrategia permite generar transformaciones en las narraciones, y permite construir una historia alternativa que posibilita cambios, resignificaciones y configuraciones de nuevos sentidos [20].

Acompañamiento en el terreno: cumple una función de soporte y apoyo para la comunidad y sus procesos a través de la formación, comprensión y elaboración de estrategias conjuntas para el fortalecimiento de los procesos organizativos, la resistencia no violenta, el arraigo al territorio, la identidad, la resolución de problemas, y la atención de situaciones de emergencia no solo a partir de la denuncia sino también del apoyo a las personas afectadas. “El acompañamiento ayuda a generar un ámbito, un lugar donde se da el dialogo de saberes y se potencian las propuestas, las fortalezas y formas organizativas de la comunidad, en la afirmación de sus derechos, de su territorio y de la vida” [21].

6. Unos elementos de cierre para abrir la discusión:

El acompañamiento psicosocial que hace la Comisión promueve la configuración de sujetos políticos activos que en ejercicio de su autonomía y capacidad creativa sean transformadores de sus realidades. En contextos de violencia sociopolítica, este acompañamiento psicosocial se enfrenta a la presencia constante del temor y la incertidumbre del riesgo vital impuesta en las comunidades como estrategia de guerra psicológica, donde las personas siguen construyendo posibilidades de resistencia y transformación, pero donde a su vez hay dinámicas naturalizadas que deben ser cuestionadas y deconstruidas para hacer frente a las acciones mencionadas anteriormente.

En la complicidad entre militares, paramilitares, empresarios, políticos y agentes del Estado, se visibiliza la intencionalidad económica que está detrás del ejercicio de la violencia sociopolítica desarrollada en contra de las comunidades, pues como lo registran los alegatos de conclusión de la fiscalía, en proceso contra empresarios de palma, ganadería extensiva y banano, la misión principal del Bloque Elmer Cárdenas “consistía en brindar seguridad en la zona agro industrial a cambio de contribuciones de sectores relacionados con el banano y de otros grupos, lo que permitió la penetración del paramilitarismo en los diversos sectores sociales, especialmente en el sector empresarial” al considerar que las tierras en las que vivían las comunidades, se trataban de “una zona ubicada estratégicamente con un futuro económico inmenso” [22]. Realidad que han venido denunciando las comunidades en los diferentes escenarios donde les han dado la oportunidad de expresarse.

Este acompañamiento ha permitido mostrar en lo concreto que las dinámicas de una sociedad son el resultado de la decisión de grupos de poder que dirigen, planean o diseñan estrategias psicológicas encaminadas a manejar o moldear el pensamiento y los sentimientos de una sociedad de acuerdo a sus intereses económico-políticos [23] utilizando la cultura, la religión, los valores sociales, a través, especialmente, de los medios de información masiva. Así lo reconoce John Coleman: “El Instituto Tavistock y las fundaciones estadounidenses de ideología afín tienen un único objetivo en mente: acabar con la fuerza psicológica del individuo y dejarle indefenso para impedir que se oponga a los dictadores del orden mundial” [24].

Lo que han vivido estas comunidades se entiende muy bien al analizar los manuales del ejército: “Tres documentos recientes de las fuerzas militares dan cuenta de una doctrina dirigida a capturar el alma de la población, se trata de un “Texto Especial” del año 2002; del “Manual de instrucción” de 2010 y de una “Cartilla de Trabajo” editada entre 2006 y 2010 por las fuerzas militares de Colombia, en las que instruyen al estamento castrense sobre la implementación de la Doctrina de la Acción Integral como una fase determinante de la guerra. En ellos presentan acciones orientadas a conquistar el “alma y el corazón” de la población, sobre la base de que el nuevo campo de batalla a conquistar es la conciencia de las personas, su corporalidad, en lo que llaman “las guerras intangibles [25].

No es casualidad que Colombia sea el país con más estudiantes en la Escuela de las Américas, donde militares responsables de graves violaciones a los derechos humanos en Colombia y en el resto de América Latina han sido formados y/o han sido instructores en ella, donde aprenden técnicas para el uso del terror en función de intereses económicos.

Esta “formación” nos permite enmarcar en perspectiva global y comprender el origen de lo que han vivido las comunidades a nivel local, en tanto que la estrategia militar-paramilitar de la que han sido víctimas, se implementó en Colombia como resultado de las recomendaciones de la misión del Comando Sur de los Estados Unidos, en 1962, que bajo la dirección del general William Yarborough recomendó: “crearse ya mismo un equipo en dicho país, para seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de represión, por si se necesitaren después. Esto debe hacerse con miras a desarrollar una estructura cívico militar que se explote en la eventualidad de que el sistema de seguridad interna de Colombia se deteriore más. Esta estructura se usará para presionar los cambios que sabemos, que se van a necesitar para poner en acción funciones de contra-agentes y contra-propaganda y, en la medida en que sea necesario, impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra los conocidos partidarios del comunismo. Los Estados Unidos deben apoyar esto” [26]. El informe sugería: "Un programa intensivo de registro de los civiles... De modo que todos sean eventualmente registrados en archivos del gobierno, incluyendo huellas digitales y fotografías". Igualmente recomendaba procedimientos y técnicas de interrogatorios que incluyeran "sodio, pentotal y uso de polígrafos... Para arrancarles información a pedazos".

¿No es esta una clave para entender por qué nuestro inconsciente colectivo legitima la barbarie cuando los perpetradores son “los nuestros”, son legales, son del Estado y nos negamos a ver los hechos en sí mismos y justificamos la barbarie “oficial” por la visión que tenemos de barbarie de los otros, de los enemigos? ¿No serán estas algunas claves de la naturalización o normalización de la violencia estatal? Por esto vale la pena preguntarnos: ¿Cuántas veces hemos visto, sentido, y/o experimentado situaciones propias de la guerra psicológica, y no nos hemos dado cuenta, debido a la “naturalización” social de la lógica militar? A nosotros se nos ha ocurrido y ha sido difícil ver el trasfondo en los hechos cotidianos.

Notas

[1Galeano, M., Layne, B., Lozada, C., Medina, M. (2007). Lo psicosocial desde una perspectiva holística. Revista Tendencia y Retos, N° 12: 177-189.

[2Rueda, D. (2009). Se mata con hambre, se mata con balas, y se quiere matar el alma., p. 3. Recuperado el 8 de octubre de http://justiciaypazcolombia.com/Se-mata-con-hambre-se-mata-con

[3Ibíd., p. 3

[4Grupo de Memoria Histórica. (2013).¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. Bogotá: imprenta nacional

[5Ibíd., p. 3

[6Ibíd., p. 3

[7Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. (2010). Encuentro regional de Promotores y Promotoras Psicosociales de Comunidades en Resistencia Civil Comunitaria de las Zonas Humanitarias del Bajo Atrato Chocoano y Dabeiba, Antioquia. Recuperado el 7 de octubre de http://justiciaypazcolombia.com/Encuentro-regional-de-Promotores-y

[8Cf. Ignacio Martín-Baró. (2000). Psicología social de la guerra: trauma y terapia. San Salvador, El Salvador: UCA Editores

[9Para conocer el proceso por el cual un militar llega a actuar como actúa y pensar como piensa, es muy valioso el aporte de Lesley Gill en Escuela de las Américas. Entrenamiento militar, violencia política e impunidad en las Américas, LOM ediciones, Chile, 2005. Para la investigación de este libro ella entrevistó víctimas, militares entrenados en ella, profesores, activistas opositores, conoció el interior de la escuela, la vida cotidiana y observó los resultados en diversos países de América Latina.

[10En una práctica, en la semana de los derechos humanos en la Escuela de las Américas, los estudiantes se dividían en grupos y presentaban escenarios hipotéticos y soluciones prácticas que no violasen la convención de Ginebra. Un ejercicio por ejemplo, presentaba el caso de una ciudad imaginaria sitiada por las guerrillas. Los estudiantes debían decidir cuál era la mejor forma de proteger la ciudad y entablar relaciones con sus colaboradores civiles. ‘Vamos a matarlos con derechos humanos’ ironizó un individuo, indiferente” en Lesley Gil op. cit. p. 190.

[11Cf. El capítulo 1. El laboratorio de la tortura. Ewen Cameron, la CIA y la maniática obsesión por erradicar y recrear la mente humana, en Noami Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 2007

[12Idíd., p.30.

[13Ibíd., p. 172

[14Expresión del patriarca Elías López al regresar a la Zona Humanitaria de Andalucía Caño Claro.

[15Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. (2010). Encuentro regional de Promotores y Promotoras Psicosociales de Comunidades en Resistencia Civil Comunitaria de las Zonas Humanitarias del Bajo Atrato Chocoano y Dabeiba, Antioquia.

[16Ignacio Martín-Baró. (2000). Psicología social de la guerra: trauma y terapia. San Salvador, El Salvador: UCA Editores.

[17Equipo psicosocial, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. (2013). Informe Encuentro del MOVICE. Ponencia Danilo Rueda “Comisión de la Verdad”.

[20Cf. White y Epston. (1993). Medios Narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós.

[21Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. (2004). Enfoques y metodologías de atención psicosocial en el contexto del conflicto sociopolítico colombiano. Nos duele Recordar pero más nos duele olvidar, p.167.

[22Alegatos de Conclusión de la Fiscalía General de la Nación, Unidad Nacional de Fiscalías Contra los Delitos de Desaparición y Desplazamiento Forzado. Fiscalía Cuarta Especializada. Doctora MARIA VICTORIA GÓMEZ BOTERO, Juez Adjunta al Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado, Medellín, Junio 18 de 2013. Radicado 2011- 1799., p. 37

[23Cf. El CRF y las operaciones psicopolíticas, en Daniel Stulin, La Historia definitiva del Club deBildelberg, Editorial Planeta, S.A., Barcelona, 2011, pgs. 209-219. El CRF es el Consejo de relaciones exteriores de los Estados Unidos, creado en 1921. De 1928 a 1972 todas las elecciones presidenciales las han ganado miembros del CRF y hasta hoy muy pocos presidentes no pertenecen a este selecto club.

[24STULIN. Op.cit. p. 211.

[25Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. (2012). El alma entre doctrina militar y Evangelio, http://justiciaypazcolombia.com/El-alma-entre-doctrina-militar-y, obtenida el 18 de octubre del 2013, 6:00 p.m.

[26Javier Giraldo M. S.J., Cronología de hechos reveladores del Paramilitarismo como política de Estado, http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article75, obtenida el 18 de octubre del 2013, 5:40 pm.

 
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